20.4.2016

Aquel momento era perfecto. El aire cubierto de ese toque salado de la costa. El mar. Inmenso. Calmado. Azul. La tranquilidad que transmitían las vistas desde el mirador era increíble, tranquilidad que se esfumó cuando me di la vuelta y le vi mirándome. Él. ¿Cómo se puede ser tan guapo y que no sea un delito? Volví a mirar el mar, buscando la calma que había perdido. Me senté en una roca y él se plantó delante de mí. El corazón me late tan fuerte cuando le tengo cerca que me da miedo que pueda escucharlo.

Quizá todo sería más fácil si no me temblaran las piernas cada vez que me mira. Si, como él me dice, fuera más segura. Pero cuando clava sus ojos en los míos, como si se tratara de un pececillo escurridizo, el control, se me escapa de las manos.

Se acercó y me besó. Nos besamos. Nos miramos. Nos besamos de nuevo. Y seguimos así: dedicados a nosotros. Ya no había nada más. Y no estaba el mar, sólo quedábamos él y yo. Y nuestros besos. Y en mi cabeza resonaba la melodía de una canción, esas canciones que te hacen pensar que han sido escritas para ti. Una canción para nadie, una canción para él.

Me siento ridículamente pequeña a su lado. Tan perfecto. Tan inteligente, tan alto, tan guapo, tan adulto. Tan seguro. ¿Y yo? Una chiquilla asustada que se pone nerviosa cada vez que le tiene cerca. Me concentré en el horizonte e intenté disipar mis pensamientos. Me había acercado al borde del acantilado- qué ironía, teniendo en cuenta que dentro de mí me siento caer al vacío cada vez que le tengo en mente- cuando me abrazó por la cintura.

-Vas a hacer un ‘Titanic’?- Sentí en el cuello el aire que exhaló al reírse después de hablar.

-Si me cantas la canción…

Respiré profundo y no sentí el olor del mar, sino el suyo. Si supiera cómo envidio a Kate y Leo. Si yo tuviera el valor de explicarle que cada beso suyo es como un sorbito de vida. Que cada sonrisa es como si la tierra dejara de girar un instante. ¿Qué vas a hacer cuando no aguante más y un día te suelte todo lo que siento? ¿Qué voy a hacer yo cuando me dé cuenta de que estoy enamorada de ti?

Cerré los ojos y nos imaginé como si fuera el narrador que nos mira. Si yo fuera la voz en off de nuestra historia, ya habríamos llegado a la parte de las perdices y las vidas felices.

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