Bonito el Brasil

El vuelo fue largo, de un lado del mundo a otro. Pero todo lo tedioso del vuelo pasó a segundo plano tras pisar tierra en São Paulo. Inclusive mucho antes de aterrizar, la buena vibra empezó volando a mucha altura con un buen numero de brasileños en via a su país. Los de atrás amenamente respondían «bom dia garoto» al saludo del piloto, aunque este no los fuera a escuchar. Terminé en el medio de una fila de tres: a la derecha tenía a alguien de São Paulo y a la izquierda alguien de Rio. Justamente las dos ciudades que pude visitar, quizá no por coincidencia. Al principio del viaje no hubo nada más que un saludo formal, y al final terminamos brindando con vino y echándonos cuentos de Dubai, Shanghai e India. Hacer el viaje más llevadero.

La impresión que me dejo Rio y São Paulo la puedo resumir en una palabra: bonito. En esas dos ciudades Brasil se siente gigante, se siente en crecimiento. El futuro de Rio y São Paulo parece brillar. De São Paulo me gustó el universo de culturas en una sola, que se ve en las caras y en al comida. El arte regada por toda la ciudad, graffitis hipnotizantes. Me encantó la escena de emprendimiento en São Paulo: fue lo que me trajo a Brasil y no me decepcionó. Espacios para innovación, proyectos con olor a futuro, una comunidad muy grande, y mucha gente de gran capacidad y demasiado talento. Es refrescante ver emprendimiento a pesar de las circunstancias —¿o es debido a las circunstancias?


Una vez leí que es «abusivo» incluir a Brasil como parte de América Latina:

Brasil es diferente a la América Española por su origen lusitano y su lengua portuguesa, pero además por el modo como fue conquistado y colonizado el territorio, y por haber sido metrópoli del Imperio Portugués durante largos años, tras los cuales, en lugar de sufrir una ruptura traumática con Lisboa, logro su independencia por un acto de gobierno, por un decreto, conservando intactas las estructuras políticas y administrativas.
En resumen, hay puntos de contacto, semejanzas, parentescos entre Brasil y la América Española, pero la suma de las diferencias es más importante que la de las semejanzas, puesto que incluye además la espectacular consolidación del Brasil en una sola nación gigantesca, fronteriza con todos los demás países de América del Sur menos Ecuador y Chile; y esto en contraste con la fragmentación de la América Española en 19 pedazos.

Pero hay algo que incomoda. Se ve demasiado raro un mapa de América Latina sin Brasil. Se parecen mucho el castellano y el portugués brasileño, se parecen demasiado la cultura afro-indígena-europea de ambos lados. De nacimientos distintos quizá, pero como hermanos que crecieron en la misma casa toda la vida. Y más allá del origen, la historia contemporánea no parece alejarse mucho de lo que se ve en otros países latinoamericanos. Fuerzas exteriores frenando el comunismo en los años tal, una dictadura para madurar, reformas políticas de Cardoso para acelerar, el péndulo que va de izquierda a derecha. Pero si hay algo que distingue a Brasil, que los hace la B del BRIC, que les da un potencial bestial.

Leí que alguien había dicho que «Brasil es el país del futuro… y siempre lo será». Y me río. En esa frase puede que haya verdad que causa gracia, pero también tiene algo que inspira a romper estereotipo.


Me quedo con lo sencillo, lo que tienen de humildad latina siendo una potencia mundial. El paulista del vuelo que me dijo que le avisara si necesitara algo. La feria de domingo en la plaza Flamengo: niños, adultos, viejitos, puesticos de arte, música, todo mezclado en armonía. El señor que ofreció cambiar su asiento en el vuelo para que la familia quedase juntos. La hospitalidad super-humana en los sitios donde me quede. El mozo del restaurante que me dijo que pagara 25 en vez de 26.15 para hacerlo más sencillo. La clave del wifi en el cafe del parque Lage: belezapura. El don del mercado que estaba más alegre de lo normal ofreciendo muestras de frutas, vendiendo su cosa. Los jugos naturales que se encuentran en cada esquina, que llevan la palabra frescura a otro nivel. El café y pão de queijo por las mañanas. La bella conexión cultural en las melodías y letras de su música. La libertad que se siente en Liberdade.

Liberdade
Plaza Flamengo
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Pareciera que Brasil es un ejemplo a seguir. Lo digo abierta y honestamente: soy pecador, lo que sentí fue envidia por lo bonito que vi a Brasil. Hay algo que aprender del gigante vecino.

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