El poder de los sin poder


Un señor, dueño de un mercadito cualquiera, coloca un pequeño panfleto entre sus verduras que reza «Trabajadores del mundo: ¡únanse!». Es esa la imagen que Vaclav Havel usa para explicar que el sistema post-totalitario se nutre de la ideología, pieza clave que crea y sostiene una ilusión de harmonía en la vida de la sociedad. La misma receta de ideología que infectó tanto en Checoslvaquia en los ’80 como en Venezuela en el siglo XXI.

La ideología es una manera especiosa de relacionarse con el mundo. Le ofrece a los humanos la ilusión de identidad, de dignidad y de moral, y a la vez facilita que se desentiendan de los mismos. Como un repositorio de algo ‹supra-natural› y objetivo, le permite a la gente engañarse su propia consciencia y ocultarse la verdadera posición de un modus vivendi vergonzoso, tanto para el mundo como para ellos mismos. Es una excusa que todos pueden usar, desde el dueño del mercadito, que oculta su miedo de perder su trabajo detrás de un supuesto interés en la unificación de los trabajadores del mundo, hasta el funcionario mas alto, cuyo interés por mantenerse en el poder puede ser disfrazado con frases sobre el servicio para la clase obrera.

Según Havel, lo fundamental de un sistema post-totalitario es el vivir dentro de la mentira. Puede que sea tonto tratar de señalar la verdad con el dedo como si fuese un objeto cualquiera, pero el vivir dentro de la mentira es algo que Havel construye perfectamente con palabras: si bien no se puede señalar la verdad, sí se puede en cambio señalar la mentira. La única verdad es la búsqueda de la verdad.

Es por eso que la vida en el sistema está tan profundamente permeada de hipocresía y mentiras: a un gobierno burocrático se le llama gobierno popular; la clase obrera está encarcelada en el nombre de la clase obrera; la completa degradación del individuo es presentado como una forma de liberación sublime; privar a la gente de información se le llama hacerla disponible; el uso de poder para manipular se le llama control publico del poder; a la represión de la cultura se le llama desarrollo; la expansión de la influencia imperial es presentada como apoyo para los oprimidos; la falta de liberta de expresión se convierte en la forma mas noble de libertad; elecciones absurdas vienen a ser la mas noble expresión de democracia; prohibir el pensamiento independiente se convierte en la mas científica vista del mundo; ocupación militar se convierte en ayuda fraternal. Debido a que el regimen está aprisionado a sus propias mentiras, tiene que falsificar todo. Falsifica el pasado. Falsifica el presente, y falsifica el futuro.

Un sistema post-totalitario está basado entonces sobre el pilar de vivir dentro de la mentira y la manta de ideología. Dos componentes que son parte del mismo todo: el sistema funciona si la gente acepta vivir bajo la mentira de la ideología.

Esto inevitablemente conlleva, por supuesto, a un paradójico resultado: en vez de la ideología, sirviendo al poder, el poder empieza a servirle a la ideología. Es como si la ideología hubiese confiscado el poder del poder, como si se hubiese convertido ella misma en dictadora. Y pareciera que la teoría en sí, el ritual en sí, la ideología en sí, toma las decisiones que afectan a las personas, y no de la manera contraria(…) Es uno de los pilares de la estabilidad externa del sistema. Ese pilar, sin embargo, está construido sobre una base bastante inestable. Esta construido sobre mentiras. Funciona siempre y cuando las personas estén de acuerdo en vivir dentro de la mentira.

El poder de los sin poder pasaría a ser un escrito principal del grupo de la Carta 77, un núcleo de resistencia organizada por disidentes. Fueron personas que conformaban la esfera de la vida independiente: poetas, pintores, músicos, y ciudadanos ordinarios que lograron mantener su dignidad humana. Eran personas que querían tener la libertad de tocar rock, de escribir, de cuajarse en un dialogo filosófico o político que les permitiera reflexionar. Eran personas intentando vivir fuera de la mentira.

Samizdat

La función de los disidente hizo posible entonces que se llevara a cabo la Revolución de Terciopelo y el colapso del sistema post-totalitario. Lo que había empezado a través del samizdat y de su convicción de vivir fuera de la mentira, llegaría a catapultarse hasta significar un cambio profundo. A pesar de tanta opresión vivida en aquella época entonces, el sistema post-totalitario deja así un aspecto positivo: que la gente tuviese que mirar hacia adentro y examinar su situación con profunda coherencia, y que tuviesen que considerar el futuro en un contexto global con prospectos a largo plazo sobre mundo del que forman parte.

Vaclav Havel termina el ensayo con un aire optimista, una actitud que lo llevaría de una celda de prisión a ser el primer presidente la naciente República Checa 🇨🇿.

La verdadera pregunta es si en realidad el ‹mejor porvenir› esta siempre tan distante. ¿Y si por el contrario, ha estado aquí por un largo tiempo ya, y solamente nuestra propia ceguera y debilidad es lo que nos ha impedido verlo alrededor y dentro de nosotros, sin que lo podamos concretar?