Ensayo y error

Me volví a cruzar con la etimología de la palabra idiota y lo elocuente que es: viene del griego para calificar a una persona privada, una persona despojada de la comunidad, una persona alejada de la participación cívica. El significado para los griegos era más o menos que si solo te interesabas en tú mismo y no participabas en la democracia (que estaban formando en aquel entonces), eras un idiota.

¿Pero qué es en realidad la democracia? Es mágico que la mente humana invente vocablos para expresarse sobre algún tema o sentimiento. Los griegos hicieron eso al juntar demos y kratos para inventar la democracia. Demos que es pueblo, y kratos que es gobierno: el gobierno es el pueblo, el pueblo es el gobierno, el pueblo se gobierna a si mismo, literal y directamente. En una serie de ensayo y error ellos se habían topado con esa idea que llamaron democracia, y ahora un montón de años después seguimos hablando de eso. Pero para mí es difícil no arrugar la cara cuando escucho la frase «el gobierno es del pueblo». Para la época en que vivo, me suena a propaganda barata, disco rayado, popularísimo. Y a la vez es la esencia pura de la democracia. ¿Cómo se explica eso?


La primera vez que escuche de Jorge Olavarría fue por su famoso discurso profético en la asamblea nacional venezolana. El hecho que Olavarría haya apoyado la candidatura presidencial de Chavez para luego darle la espalda y vaticinar ese 5 de julio de 1999 todo lo que se avecinaba, es una joya de la historia venezolana que no se puede menospreciar. Eventualmente, ya habiéndose hecho realidad parte de la profecía de Olavarría, me crucé con su libro Democracia Radical y de allí pude entender un poco mejor quien fue ese señor y porque termino allí dando un discurso como el que dio.

Olavarría califica como democracia radical a la democracia pura, de raíz, la esencial del demos y kratos griega. Una democracia no representativa, sin partidos politicos, ni aparatos de representación. Una democracia más directa, donde la asamblea básica viene a ser pieza fundamental. Una democracia tildada de utópica e imposible, no práctica para el día de hoy. Y a lo largo de las paginas de Democracia Radical, Olavarría se atreve a poner su argumento sobre la mesa: que la democracia de verdad no es la representativa ni la popular que anda de moda. Que la democracia real — la radical — se ha ido distorsionando a través de los años, que la hemos dejado coja e incapacitada. Su propuesta es de volver a la esencia de la democracia como la idearon originalmente; que la democracia pueda adaptarse, concretarse, y preservarse a las nuevas realidades impuestas por la tecnología.

Vale la pena imaginar como puede evolucionar la democracia hacia futuro. Partiendo de lo expuesto en Democracia Radical, la idea de comunidad como célula básica para la democracia es esencial. Se da a entender que la democracia no se encuentra exclusivamente dentro de las paredes de instituciones nacionales, ni guardado en un cajón del Estado, sino más bien en la mente de cada persona y por ende en las comunidades que conforman. A medida que cada ciudadano practique y respire democracia, más viva y real va a ser la democracia en las comunidades. La imagen que se pinta es la de una sociedad donde la comunidad actúe como factor celular, y por ende que se replique en numero y se limite en tamaño, tal como las células del cuerpo humano.

Cada comunidad vendría siendo un espacio donde se fomente debate y diálogo, donde una especie de asamblea básica sea pieza de engranaje fundamental. Las comunidades se nutrirían de personas capaces de razonar y argumentar, y la única manera de llegar a ello seria a través de la educación: la persona común debe ser educada a pensar, tendríamos que convertirnos en maestros del diálogo.

Puras pamplinas, Eduardo. ¿Estamos hablando de asambleas comunales? ¿De los town meetings de Nueva Inglaterra? ¿Donde se traza la raya entre un populismo cualquiera y un verdadero intento de innovar? No lo se. Lo que sé es que es un lindo ejercicio imaginar una democracia del siglo XXI. También sé que ya hay gente hablando y pensando en eso. Que existen herramientas nuevas que brindan un mar de posibilidades; y que faltaran más por venir. El reto está en desaprender, imaginar, visualizar y crear una manera nueva de organizarnos y dialogar. Para acercarnos a esa democracia considerada utópica de los griegos, pareciera que el mayor obstáculo seriamos nosotros mismos.

Lejos estoy yo de pretender explicar aquí exactamente como seria esa estructura de democracia. Pero con lo dicho en Democracia Radical, vendría siendo una democracia más participativa y menos representativa, con más ciudadanos y menos partidos politicos, donde el Estado sea para las personas y no al revés. Y pareciera que para eso estamos este siglo: para resolver problemas complejos con el uso de mejores herramientas tecnológicas.


Me gustó lo que dice Olavarría cuando resalta que la utopia no tiene porque ser utopia, cuando esta va acompañada de un propósito de superación y un impulso para transformar lo presente. Me queda en la mente la fresca idea de que la democracia no está esculpida en piedra. Que no es que la democracia es lo que tenemos ahora, ir a votar cada cierto tiempo, y ya. Que puede evolucionar, transformarse y adaptarse a las circunstancias de hoy. La mayoría de los venezolanos habían creído en 1998, como Olavarría, que era hora de un cambio. Y pareciera que la historia continua, que la democracia evoluciona, que es un infinito juego de ensayo y error.