Señor Tiempo

📸: @geladina

El arte de crear tiempo no existe. Si existe un arte es el del juego de las prioridades: el señor Tiempo esta allí, se trata de qué tu quieras hacer con él. Más de una vez me han dicho que «existe tiempo para todo», pero quizá es más correcto decir que existe tiempo para todas las prioridades. Y esa idea de prioridades viene estrechamente relacionada con la palabra organización.

Vengo entendiendo cada vez un poco más porque mi papá insistía tanto que no dejara los benditos zapatos regados en la sala. Creo que de pana no le importaba donde estuviesen los zapatos, lo que a él le importaba es que fuera creando un hábito de organización. El tiempo es un recurso finito y limitado, pero que se puede moldear a tu antojo. Mientras más organizado, mejor provecho. Adueñarse del tiempo: para eso están los calendarios, la tecnología, los recordatorios automáticos.

Ojo que no hay nada de malo con ser eficiente con tu tiempo. Lo que si es dañino es llevar eso al extremo: creer que se tiene que estar produciendo y haciendo en todo momento. Ser productivo es bueno, pero creer que cada minuto tiene que ser productivo es tóxico. Tiene que haber momentos de ocio —ocio del bueno—, un balance con los ritmos del día, un baile con el constante sube y baja. Momentos de esos pueden sembrar semillas creativas que te darán producto luego.

Somos criaturas de rutinas, y me atrevo a generalizar. Es la manera en la que funciona el mundo, y por lo menos la mayoría de las personas que viven en él se dejan llevar de alguna u otra forma por las rutinas, se den cuenta de ello o no. ¿Cómo afrontar el día a día de otra manera? Conscientemente o no, nos dejamos llevar por alguna rutina con la aspiración que nos ayude a lograr lo que sea que sea que queramos hacer. Rutinas traen consigo un poco de organización, la organización conlleva algo de eficiencia, la verdadera eficiencia está en el balance entre ocio y prioridades. Termina siendo un delicado equilibrio de cuanta información entra y cuanta información sale.