Pablo Rumel, escritor: La visibilidad de lo under

TendCULT
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Jul 22, 2017 · 5 min read

Por Ignacio Fritz S.

Pablo Rumel

El joven periodista nos entrega su visión actual del circuito literario nacional, donde él realiza narrativa policial y ciencia ficción. Su última novela, Hamellion (Contracorriente Ediciones), lo reivindicó en un género que lo apasionaba desde niño, el de anticipación o sci-fi, no muy aceptado en Chile.

Pablo Rumel (Santiago, 1984) tiene cara de buena gente. Llega al Liguria de Manuel Montt apurado vistiendo bototos militares, casaca de cuero y jeans nevados. Son las una y media de la tarde y hace frío, es invierno y el cielo está cargado de nubes a punto de explotar. La gente almuerza en la terraza que da a la calle y se ve más de un rostro famosillo. En poco tiempo más, Rumel debe llegar a su trabajo en Avenida Pedro de Valdivia. Entra a las tres de la tarde y sale a las once de la noche. Como periodista titulado de la Universidad de Playa Ancha, trabaja en una agencia resumiendo todo tipo de noticias e instalándole un código, una pega que él confiesa muy al estilo de 1984 de George Orwell, pero que le permite tener el tiempo suficiente para su familia. Rumel tiene un hijo de apenas dos años, Pablito Iván, y convive con Bárbara, una contador auditor, los tres viven en los suburbios de Puente Alto. “Puente Asalto, la comuna más lumpen de Santiago”, me dijo graciosamente vía whatsapp cuando lo contacté. Pide un té mientras yo me tomo un café exprés sin azúcar. De pronto me dice que su editor le llama “Alex Murphy”, el policía acribillado a balazos que luego transforman en el policía del futuro, Robocop (1987, Paul Verhoeven). Luego le pregunto por qué. Ahí me dice que es una “alegoría” al constante ninguneo del que es presa en el mundillo literario nacional, que según él está poblado de sujetos lateros pero bien contactados, generalmente de la oligarquía o la whiskierda. Pero al momento dice que eso no le importa, que su proyecto escritural es silencioso, secreto, y que le da lo mismo no salir en La Tercera pues sabe que en realidad hay gato encerrado con el tema de los “pitutos” y la visibilidad en el mundo de la literatura nacional.

Rumel también sabe que lo que a él le agrada sólo le gusta a un público reducido, acaso selecto, y que no se acompleja si no vende ni no lo leen. Su último libro, Hamellion, es prueba de que la calidad le importa y que en realidad los temas extraliterarios son más fructíferos si quieres aparecer en los medios. Igual tiene conciencia que él es un escritor de género policial y sci-fi, y nunca hará algo que le guste a todo el mundo, menos al establishment predominante que pasa tomándose cafecitos en el Tavelli del Drugstore.

¿Cómo ves en Chile el panorama de la ciencia ficción?

Siempre ha sido underground, ha estado al margen de las grandes corrientes. Hemos tenido a Hugo Correa, en los años 60 y 50, y a pesar de que era una lumbrera con una obra bien trabajada y comentada en su tiempo, aun así siempre fue visto como una forma decorativa. Con el tiempo, en los años 90, Baradit (Jorge) irrumpió con Ygdrasil y hubo un remezón.

¿Se puede tener éxito masivo realizando literatura de nicho? Te lo pregunto por los casos de éxito de autores de nicho como J.G. Ballard o Stephen King.

Mira, yo creo que sí, pero no en Chile. Éxito, cuando hablamos de éxito de nicho, son esos autores que venden 20 mil ejemplares como mínimo. Baradit y Ortega (Francisco) venden mucho en Chile pero en una realidad muy acotada. No creo que vendan y puedan ser considerados best-seller para la norma americana, que es la vara y medida que tenemos. Finalmente, la literatura de nicho no tiene un mercado asegurado en Chile.

Según tú, ¿Cuáles son los requisitos para que una obra sea best-seller?

He estado pensando en eso. Yo sé que Ortega tiene una especie de manual y receta de los elementos que debe tener un best-seller. Pero yo creo que el mercado es tan impredecible, que no creo que haya una receta, y si la hubiera no creo que me interesaría seguirla porque encuentro que cuando tú escribes una obra, pensándola para ser best-seller, al final tienes que seguir un conjunto de reglas y lugares comunes que para mi modo de ver está en contra de la originalidad. Si quieres experimentar y hacer algo más, tienes que seguir el camino contrario a lo que se hace con un best-seller.

¿Qué opinas de la tendencia nacional a escribir realismo?

Está instaurada. En los años 30 Juan Emar ya lo anunciaba. Imagínate que Juan Emar vivió en París, se codeó con las vanguardias y los surrealistas. Y cuando volvió a Chile se dio cuenta que seguíamos pegados en el siglo XIX con la novela folletinesca y decimonónica, el realismo chato. Él lo denunció. Y han pasado muchos años y seguimos estancados en el realismo criollista y el costumbrismo. El mainstream y los medios no hacen eco de una literatura, y termina siendo endogámica, una literatura que se replica a sí misma y que se mira el ombligo todo el tiempo. Y estamos aburridos de eso.

¿Piensas que la literatura chilena es endogámica? Si fuera así, ¿por qué?

Se enlaza con lo que dije anteriormente. En Chile no sé si exista un circuito claro para ponerse a escribir. Iba a decir “hacer carrera literaria”. Pero como están dadas las cosas, los escritores se dan cuenta que tienen 2 opciones: replicar el sistema del realismo, que está aprobado porque tiene una crítica que lo avala, o lanzarse a la experimentación. Y los que se lanzan a la experimentación le dan la espalda al público y sus obras circulan muy poco. Con escasos lectores, como el caso de Sergio Meier o Sergio Alejandro Amira, que también tiene una literatura de ciencia ficción, de nicho. Tiene sus cosas y es experimental. No ha dado con los lectores por problemas de calidad, sino porque el circuito no le da cabida.

¿Cuáles son tus referentes al momento de ponerte a crear?

Siempre tengo en la mente a Ricardo Piglia. Encuentro que es un escritor y lector tremendo y es de estos tipos que están pensando y repensando la literatura. Y cuando me pongo a escribir me imagino que Piglia está detrás mío mirándome. Siempre está reprobándome, y eso hace esforzarme.

¿Consideras estúpido querer pasar a la posteridad con tu obra?

Me parece noble. Hay muchos autores que quieren el éxito inmediato. Quieren que los lean, que los premien. A mí me da lo mismo,yo disfruto el proceso. Si tuviera la noción de que todo lo que estoy haciendo llegará a la posteridad, feliz. No me va a provocar problemas, porque después de muerto no hay problemas.

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