El último aporte a la literatura universal

Un escritor de trincheras: si te hubiera conocido, Roberto Bolaño

TendCULT
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Jul 25, 2017 · 5 min read

Por Ignacio Fritz S.

El narrador fallecido en 2003, a los 50 años, está de moda y es el ejemplo del escritor errante, latinoamericano, que basó y llenó su vida con la desmesura de la literatura. Bolaño se conoce por sus novelas y cuentos, pero fue, ante todo, un poeta de guerrilla

Cuando vivió, y se le conoció su segunda novela, La literatura nazi en América (Seix Barral, 1996), se dijo que Bolaño era un descubrimiento, oro puro. Si analizamos su narrativa, Bolaño nunca estuvo sobrevalorado. Es un narrador de primera línea, calidad y talento se aúnan en su ficción; y fue un escritor de trincheras, de pelea, de aquellos que les gustaba polemizar, combatir.

Lo primero que leí de él fue Una novelita lumpen (Mondadori, 2002). A varios escritores reconocidos le pidieron que escribieran de una ciudad en particular, y a Bolaño le ofrecieron Roma y terminó escribiendo una novela de ciento y pico de páginas que se reía de las novelitas burguesas de José Donoso, con sus Tres novelistas burguesas (Seix Barral, 1973). Sin embargo, antes no había leído absolutamente nada de Bolaño. Nada. Desconfiaba de su boom mediático luego de haberse ganado el Premio Herralde y el Rómulo Gallegos; por eso no lo leía. Prejuicios míos. Una sana envidia tal vez. Me cargaba que cuando estudiaba literatura , Cristián Warnken le dijera a un alumno destacado, un alumno tan burgués como todos los que estudiábamos allí en la Finis Terrae, el apodo de “Belano” (cuando Belano era lumpenproletariado en estado puro). Y para el 2005 Bolaño era archiconocido en el mundillo literario chileno, e internacional.

Bolaño se murió y eso es irreversible. Pero seguramente si aún respirara, yo trataría por todos los medios de conocerlo. Me pegaría un viaje a Blanes, cerca de Barcelona, España, donde vivía. En otras palabras: soy su fan. Me parece que su literatura es de alto octanaje. Es una obra para un público que debe tener cierto nivel cultural, claro. Al menos eso dice Mario Vargas Llosa — el escritor mateo de todos los tiempos — cuando lo entrevistan sobre Bolaño para un documental de TVE llamado El último maldito. Igual creo que eso del nivel cultural para poder leerlo es relativo. No hace falta ser culto para leerlo y entenderlo. No hay palabras rebuscadas. No hay una sintaxis pedante.

Bolaño siempre me cayó bien. Me gusta su irreverencia, sus ganas de tirar mierda con ventilador al establishment literario chileno, lleno de escritores de torre de marfil. Otro libro que conseguí de él fue Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce. Porque al igual que Jim Morrison (Melbourne, Estados Unidos, 8 de diciembre de 1943 — París, Francia, 3 de julio de 1971), la gloria de Bolaño duró cinco años. Se ganó el Premio Herralde con Los detectives salvajes en 1998 y en el 2003 se murió. Durante esos cinco años, dio entrevistas y sacó varios libros — casi uno al año — que siempre me han provocado algo indescriptible. Epifanías y ese tipo de cosas. De hecho, me parece que Los detectives salvajes es largo como un viaje a Madrid. Por la página 400, es como si fuera la hora séptima del viaje y ya quieres que se acabe. La vida de los poetas jóvenes y su amor a la literatura, aunque no tengan nada para comer, es lo que se refleja en esa obra de hambre y utopía. Llega a ser envidiable la capacidad de sus personajes para entablar amistades, como si nada. Belano y Lima odian irreverentemente a Octavio Paz (vaca sagrada en México, donde ocurre parte de la novela) y son los padres del infrarraelismo.

Bolaño tiene fuerza, poder. Incluso, en mi modesta opinión, creo que Los detectives salvajes es una novela que perfectamente se puede leer sin parar — en una noche — si tienes las ganas de hacerlo. A ratos se hace excesivamente larga, pero es muy entretenida, sobre todo el álter ego de Bolaño: Arturo Belano. Eso que siempre se le vea como drogado y que sospechen que es asexuado me parece graciosísimo.

¿Por qué Bolaño es un narrador de trincheras?

Cuando estaba vivo, y estaba en Chile, mucha gente se juntó con él para hacer lobby , y él los despreció en entrevistas y hablaba de la “Nueva Narrativa Chilena” como los “niños que saltan la comba”, y que se veía enfrentado a ellos “en una confrontación cuica”, tal como dijo en el programa Off the Record en 2001. Bolaño era un escritor de guerrillas, y sus declaraciones sacaban ronchas. Y eso de tomar partido, de creer que la literatura lo es todo, se manifiesta en Los detectives salvajes. Pero para qué digo los cuentos de Bolaño. Particularmente, me gustó mucho uno de Putas asesinas (Anagrama, 2001), titulado Fotos: Belano está en África viendo un álbum de fotos de poetas franceses que han sido antologados en otros libros, o que han publicado. Belano ha conseguido vivencialmente lo que consiguió el poeta maldito y francés Arthur Rimbaud (Charleville, 20 de octubre de 1854 — Marsella, 10 de noviembre de 1891) en África — el poeta imberbe por excelencia — , pero no ha logrado llegar al altar del reconocimiento mediante una foto en un libro. En fin. De Bolaño se ha dicho mucho, incluso de que fue drogadicto. Vaya uno a saber. Lo cierto es que después de muerto y en vida fue toda una leyenda. Su actual editorial, Alfaguara, vende sus libros con un eslogan: “Es Bolaño”. Impensado a principio de los años 90 cuando todas las editoriales, “todos les lectores”, rechazaban sus libros.

El hecho de ser rechazado por una editorial no equivale a ser malo. Hay factores extraliterarios en la juguera, como la mercadotecnia y lo que puedas vender. Lo cierto es que Bolaño es un autor mayor. Igual es una bobada que todos se saquen el sombrero ante él, ahora que está muerto hace más de una década, pero creo que no está sobrevalorado. Tiene calidad. Potencia. Y eso se nota.

¿Qué otras cosas he leído de él? Bueno: Llamadas telefónicas (con el notable cuento Sensini y El gusano), Nocturno de Chile (que Herralde, editor de Anagrama, no quiso que lo titulara Tormenta de mierda) y Estrella distante (¿que más utópico que un poeta que escribe poemas etéreos con su avioneta en el aire?). 2666 es otra gran novela de Bolaño. La mejor de todas. Una obra monumental: mil y tantas páginas. Pero se nota que en 2666 y El gaucho insufrible (su último libro de cuentos) Bolaño está cabreado con la vida porque se va a morir pronto debido a su cirrosis hepática. Lamentable. Solamente me hubiera gustado haber conocido a Bolaño simplemente para haberle dado mis respetos. A la literatura en Chile le creció el pelo con Bolaño. Bolaño es…: BOLAÑO. Y lo digo sin haberlo conocido. Y me hubiera gustado sólo darle las “gracias”, a lo Alanis Morissette, por su aporte a la literatura mundial, aunque sus obras póstumas como El espíritu de la ciencia-ficción (Alfaguara, 2016) no son tan grandiosas como lo que publicó en vida, siete años antes de morir e integrar en panteón de los malditos.

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