En este país hay miles de “Niños”

El 16 de agosto de 2017 un grupo de pandilleros de la Mara Salvatrucha entró a las instalaciones del hospital Roosevelt con armas de guerra en manos y con la misión -cumplida- de liberar a un reo que iba a ser atendido para realizarle un análisis de sangre. Un análisis que se pudo haber hecho en muchos lugares, menos en un hospital público. Como consecuencia murieron 7 inocentes y 12 más resultaron heridos.

Hoy vi el video de “El Niño”, el pandillero de 17 años de edad que lideró el ataque. Su mirada desafiante, llena de ira, nos paralizó a todos. Le preguntaron si se arrepentía y decía que “nel”; le recordaron que habían muerto inocentes y tampoco se inmutó. Le preguntaron si le habían pagado algo. ¿Qué le van a pagar? Las pandillas no solo funcionan con dinero, sino también con lealtad, sacrificio y obediencia. Si no hacés lo que te dicen te morís y punto.

El Niño tiene 17 y carga, por lo menos, con la muerte de 12 en su espalda y en su vida. El Niño debería estar en la escuela, conquistando chicas y jugando al futbol con sus amigos; no disparando un fusil M-16 y portando un chaleco antibalas - que por cierto- es de uso exclusivo militar (sí, así también funciona la corrupción). Hace un año que El Niño está en la pandilla, hace un año que debió empezar a matar, a drogarse, a ser parte de lo que ahora es su familia. De niño solo le quedó el nombre.

A mi “El Niño” me da cólera, pero también me da tristeza. Porque sé que hay miles como él, miles que al día son reclutados por las pandillas, que son abandonados por sus familias, que tienen historias de muerte y de terror. Miles que acaban con sus sueños y con los sueños de los demás. Miles que están en Etapa, en Gaviotas y otros miles más que andan sueltos. Miles de niños a los que la muerte y la violencia se les sirve como plato de desayuno. A los que el mismo Estado les facilita todas las herramientas para convertirse en asesinos pero no les da ni una sola para convertirse en cualquier otra cosa, menos delincuentes. Niños que entran a un hospital y matan a cualquiera, tiñen de sangre las calles para luego entrar a cárceles que sirven más como centros de corrupción y aprendizaje de violencia que como centros de rehabilitación. La niñez y la adolescencia es arrebatada, corrompida y mutilada. En este país, miles de niños han perdido la inocencia y no dudan en apretar al gatillo y llevarse con ellos a personas inocentes.

Porque en este país hay miles como “El Niño” y después nos preguntamos: ¿de quién es la culpa?

Fotografía: Prensa Libre