¿Quiénes son las lideresas indígenas y por qué no salen en los periódicos?
Reportaje
Guatemala es un país pluricultural con un alto porcentaje de población indígena. Según las estadísticas del INE (2011) el 51% de la población son mujeres y de acuerdo a ENESMI (2015) de ese total de universo de mujeres un 46.1% se autoidentificó como indígena-maya. Lo que supone que casi la mitad de la población femenina del país pertenece a uno de los 22 grupos étnicos de origen maya y que más de la mitad de los guatemaltecos en realidad son guatemaltecas.
Si esa es la realidad ¿por qué entonces no tienen protagonismo en los periódicos?
La invisibilización de la mujer y el racismo en la sociedad continúa siendo un verdadero problema para un país que por años ha ido rompiendo su tejido social. Ante este problema tenemos uno igual de grande: la criminalización de la protesta social. La Comisión Internacional de Juristas describió que “la criminalización de la protesta se puede expresar de varias maneras, que van desde una intervención violenta de las fuerzas de seguridad en protestas o conflictos, amenazas directas e indirectas hasta la descalificación sistemática de la labor de líderes sociales” Una descalificación que es visible cuando los medios de comunicación tradicionales no presentan a las mujeres indígenas en sus notas informativas o cuando las relegan a las últimas páginas y a espacios ciertamente reducidos para el impacto que tienen los acontecimientos en la vida real de las personas.
Sin embargo, que no exista cobertura mediática no implica que no haya participación activa de ellas en los movimientos sociales y populares. Hay un verdadero prejuicio respecto al machismo que se vive en las comunidades indígenas. Si bien hay formas en las que las mujeres de cualquier sociedad , indígena y no indígena, son denigradas; no es cierto que las mujeres indígenas se encuentran solo en la casa. En la vida real y desde la experiencia que tengo cubriendo los movimientos sociales he demostrado que las mujeres juegan un papel importante en su comunidad. Son más que todo ellas quienes encabezan luchas como la defensa de la tierra, el agua y la vida. Ellas se encargan de dejar legado, son las que más se interesan por el bienestar de sus comunidades y en muchas ocasiones mientras los hombres salen a trabajar lejos, son ellas las que toman el papel de dirigir y unir a la comunidad.
Las mujeres de origen maya participan activamente en sus comunidades pero también han salido a las áreas metropolitanas en busca de reconocimiento y cumplimiento a sus derechos. Así sucedió el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, cuando varios sectores de mujeres indígenas entre ellas comadronas y campesinas se organizaron para la marcha conmemorando el día con una serie de peticiones claras para las autoridades guatemaltecas, especialmente para el congreso de la República. El movimiento de comadronas entre otras solicitudes, apoyó la resolución de Ley que conmemora el día 19 de mayo como el Día de la Dignificación Nacional de la Comadrona y promovía el pago de Q 3,000 quetzales anuales a quienes ejercieran dicha labor; misma ley que fue vetada por el Presidente pocos días después de la marcha. Antonia Batz, comadrona de Tecpán fue una de las lideresas que encabezaba al conjunto de mujeres.
Sin embargo, su nombre y el de muchas compañeras más no aparecieron en los medios escritos más importantes del país. Si bien el día fue opacado por la trágica muerte de las niñas del Hogar Seguro y la marcha no se convirtió más en noticia, algunos medios sí publicaron pequeñas notas informativas sobre el hecho. Como es el caso de Publinews que en su edición escrita y digital se limitaron a titular la nota como “Mujeres de diversos sectores participan en marcha demandando derechos” y en cuyo subtítulo el redactor utilizó la palabra féminas para categorizar a las mujeres. En la nota se habla únicamente de la mujer indígena Milvian Aspuac, del Movimiento Nacional de Tejedoras que pedía la aprobación de la iniciativa 5124 que propone reformas a la ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos de Propiedad Industrial. Las otras 4 fuentes consultadas fueron mujeres mestizas.
En Prensa Libre, segundo periódico más leído en el país, la nota se titulaba “Mujeres marchan para exigir respeto a sus derechos” y de las seis fotografías publicadas en su versión digital, cinco de ellas ilustraban a mujeres mestizas y no indígenas. Una sola entrevista fue publicada en el medio en su versión digital por la periodista Anna Lucía Ibarra acerca de la comadrona indígena Graciela Velásquez de la Asociación Kawuq, de comadronas. Ninguna de las otras piezas informativas publicadas ese día mostraba a la mujer indígena como protagonista y no hubo ninguna otra pieza que describieran los motivos de la protesta y a sus actoras.
Los medios de comunicación tradicionales no informan de estos hechos por dos razones principales. La primera es porque todavía existe un prejuicio racista en todas las instituciones que sigue descalificando a la mujer indígena y que no la concibe como ciudadana activa y participante activa de movimientos sociales. Y segundo, por un una razón política, la misma que no permite que los intereses de las clases populares salgan a relucir porque sigue habiendo una gran brecha de desigualdad y mostrar las peticiones de esa clase no entra en las agendas de los medios”
Para una entrevista a Reuters, Victoria Cumes Jochola coordinadora de Nuestra Voz, del grupo de derechos Our Voice, aseguró “somos discriminadas, primero, porque somos pobres; segundo, porque somos indígenas, y tercero, porque somos mujeres”
De acuerdo al Primer Informe del Observatorio de Medios y Participación Política (2015) las activistas solo son visibles en el 0.5% del total de todas las notas periodísticas donde figuran las mujeres. Esto claramente es un porcentaje alarmante, tomando en cuenta que sí existe participación y que un gran porcentaje es realizado por indígenas mayas. Lo que demuestra que, voluntaria o no, hay una invisibilización por parte de los medios acerca de la protesta social y de las mujeres como principales actoras; lo que contribuye a seguir formando la brecha de desigualdad y discriminación que aún se perpetua en Guatemala.
No hace falta asesinarlas a sangre fría, como a Berta Cáceres, activista hondureña también mujer y también indígena. El silencio, la criminalización e invisiblización son suficientes para matar los derechos de las miles de lideresas que trabajan día con día en Guatemala y que desde sus comunidades contribuyen a construir un mejor país. Mientras los medios de comunicación las sigan ocultando, seguirán matándolas. Porque no hablar de ellas es como fingir que no existen y fingir que no existen es como decir que están muertas.
