Engañosos Fotogramas

Hablando toneladas de paja con Carlos E. durante 3 horas mientras esperaba el retrasado bus que me llevaría a Puerto La Cruz, salieron un par de frases sobre las fotografías que me animaron a no olvidarlas. Y no me refiero a la fotografía como arte o técnica, sino a la imagen tangible. Quizá ya de este tema se ha hablado pero yo en mi pésimo papel de lectora aún no lo descubro en algún libro, artículo o ensayo.

Carlos me contaba que como parte de su servicio comunitario (un requisito que tienes que cumplir para poder graduarte de la universidad) tenía que hablarle a unos niños de primaria sobre “el plan de vida” e hizo una comparación con el rodaje de un largometraje y de como los niños tenían que ser directores de sus propias películas en lugar de figurantes o extras. Luego soltó que “una fotografía era un fotograma del recuerdo”, y yo que me la paso “coleccionando” fotogramas de películas, amo tomar y ver fotografías y soy una nostálgica irremediable no pude evitar conmoverme con esa frase. Implica que somos cámaras andantes, grabándolo todo, almacenando millones de imágenes en nuestro cerebro, podemos tener cientos de cortometrajes o un largometraje infinito guardados en nuestra memoria. Obviamente además de cámaras, si nos lo proponemos podemos ser los directores y guionistas, pero esa es otra piscina en donde no me quiero bañar ahorita. El asunto es que a partir de esa frase surgió el siguiente tema: esos fotogramas de la memoria pueden alterar los recuerdos de ese momento capturado.

Muchas veces no somos conscientes de nosotros mismos porque no nos vemos de la misma manera como observamos a los demás, ignoramos ciertas expresiones o rictus que nos delatan cuando queremos ocultar algo por ejemplo, pero si es notable para otros. A veces me veo al espejo y siento que la del reflejo no es la que esperaba ver, en fin… ¿Saben esas escenas donde alguien ve una foto y de repente la imagen “cobra vida” para dar paso a la historia de la foto? Bueno, algo así siento cuando veo una fotografía y lo curioso es que el recuerdo lo hago desde el punto de vista del fotógrafo, la imagen me ayuda a recordar el momento pero no tal cual como ocurrió. Si soy yo la fotografiada, en el recuerdo me veo posando para el lente, haciendo morisquetas, diciendo alguna tontería pero desde los ojos de otro. Es como una escena donde yo soy la prima donna y no la cámara que almacena las imágenes, entonces aquí vienen las transformaciones: porque me veo haciendo expresiones que seguramente no hice, o recordando el momento más emocionante de lo que realmente fue. Es muy parecido a cuando alguien echa el cuento de una anécdota en la que estuviste presente y la exagera para hacerla más interesante pero tú sabes que así no pasó. ¿Se está recordando o imaginando a partir del recuerdo?

Así como una película intenta ser entretenida y llamativa visualmente, que con sólo un fotograma te cautive y desees verla; con las fotografías de un instante divertido o importante y nuestro cerebro “mejorando” ese momento guardado en la memoria podríamos sentir que nuestro pasado no fue tan aburrido después de todo, y si llegamos a viejos algunos veremos nuestros retratos juveniles y diremos: Caramba (yo díría “coño”), pero yo tenía encanto, y nos reprocharemos las inseguridades de esos tiempos. Aunque en mí caso, la fotogenia será un engaño más pues las fotos me mostrarán más atractiva de lo que realmente fui, espero que se me olvide ese detalle y de verdad crea en un futuro que “yo tenía lo mío”.