Amores…

Todo mundo tiene su “primer amor” ¿cierto? un amor donde damos nuestro primer beso, donde tenemos nuestra primera cita, nuestra primera cogida y hasta donde salen nuestras primeras lágrimas… sí, ese es el primer amor. El que llegamos a pensar que será para toda la vida. A mi suerte, mi primer amor fue un amor sano, un amor real, un amor intachable donde los errores eran más míos que de él. Un amor en el que él daría absolutamente todo por mi sin pensarlo ni siquiera una sola vez. La verdad es que tuve mucha suerte, tanta suerte de tener a un hombre como él, un hombre de tan buenos sentimientos. Mi error fue que nunca supe valorarlo como tenía hacerlo. Y con el tiempo me di cuenta que el era mi paz, mi tranquilidad, la solución de mis problemas, mi armonía… es más cuando estábamos juntos podía decir que hasta me sentía más bonita más llena de poder y de amor propio por el hecho de que NADIE nunca me había amado tanto como él, más bien, me sentía segura, que me aproveche de lo que me brindaba. Al darme cuenta de eso llegué a la conclusión de que el era más bien mi estabilidad y no mi “novio” y que no estaba enamorada de él como persona sino de lo que me hacía sentir, como dije anteriormente: paz, tranquilidad, armonía, etc… Me enamoré de la paz que me daba que la locura lo buscaba en otro hombre. Ese fue mi error y no saben de lo mucho que me arrepiento.

Me preguntaran: ¿Pero, porque si sentías “paz” buscaste a otro? Pues, me había aburrido de tener una relación sana. Suena loco y todo, pero sí, fue así. Me había cansado en su momento de tener una relación tan buena donde no habían peleas, no había desconfianza, no había falta de comunicación, no había nada negativo. Me aburrí de los que todos quieren, un amor sano y real. En su momento, era muy joven a penas una adolescente (13–17 años) que se creía madura por tener una relación larga, pero era nada más que una inmadura porque no sabía lo que quería en su momento y le ponía importancia a cosas que no merecían de nuestra importancia. Hoy en día me arrepiento de no haber valorado a ese hombre que lo único que hizo fue cuidarme, que cuando me llegaba a sentir sola el era mi único refugio, el único hombre que cuando me “rompían el corazón” alguien más él era el que lo llegaba a reparar. Ese hombre que derramó más lágrimas por mi que yo por el… me arrepiento tanto, no tienen idea de cuanto.

Ahora, se harán la siguiente pregunta: “¿Qué te hizo arrepentirte de no haberlo valorado?” Pues, aquí es donde hablaré de mi “segundo amor”. El segundo amor suele ser único. ¿Saben por qué? Pues, es aquel amor que te hace creer en que puedes llegar a amar más que a tu primer amor y la verdad es que eso no lo logra cualquiera. Por tal razón, es que pasamos de flor en flor hasta sentirnos a gusto con una sola flor como las abejas. El punto aquí es que llegó él, mi segundo amor y sin buscarlo que fue lo mejor. Él era muy diferente a mi, pero a la vez tan igual. Era un amor explosivo y apasionado. Teníamos tanta química que todo mundo nos decía “¿Son novios?” siendo nada más que mejores amigos. Sí, primero llegó a ser mi mejor amigo para luego convertirse en mi segundo amor. Si les contara como fue todo… haría de esto más largo, quizás lo escriba en otra historia. Pero, lo importante aquí es que me llegué a enamorar de él, pero de su forma de ser como “mejor amigo”. Pues, el siendo mi mejor amigo me cuidaba, escuchaba, me hacía sentir querida entre otras cosas más. Y sí, quizás confundí ese trato de “mejor amigo” que él me brindaba con el que me brindaba mi primer amor porque se llegaba a sentir casi igual.

Al estar con mi segundo amor tengo que admitir que fui feliz los primeros tres meses muy feliz, más bien, me sentía dichosa y sentía que sería mi último amor, mi último novio como me solía decir él. Claro está que yo sentía que de parte de él nunca me llevaría ningún tipo de decepción. Pero, me equivoqué… y no hablo de decepción relacionado a una infidelidad o algo así, sino por como me trataba en mis momentos más frágiles. Me hacía sentir tan poca cosa alado de él, tan mala novia cuando lo único que yo quería era ser la novia perfecta para él. Hablándoles un poco más claro, él era frío con toda su razón de ser ya que no le ha tocado fácil en la vida… se volvió tan frío por el hecho de que llegó a perder a la mujer que le dio vida, a la mujer que velaba por el y que aún sé que lo hace en donde quiera que esté, a la mujer de su vida, su primer y único amor, su mamá. Y es que no hay nada más doloroso que perder a la mamá de uno y por eso quizás lo entendía o por lo menos trataba de hacerlo. En fin, el era frío y yo dulce, él era hielo y yo agua. Y al estar acostumbrada a un amor donde mi ex pareja era agua y yo en proceso de ser hielo… esperaba que el fuera así conmigo. Pero no, me equivoqué como les había dicho. Y es que me trataron de la misma forma que yo traté a mi primer amor. Como todos dirían: “Me pegó el Karma”. Y sí, lo acepto. Me pegó y muy fuerte. Tan fuerte que me dejé de querer yo misma que sería capaz de tirarme a un abismo si el me lo pidiera solo para hacerlo feliz. Así de tan fuerte me pegó. Lo amaba tanto que se me olvidó amarme a mí primero y no saben cuantas veces hoy en día me siento decepcionada conmigo misma por haberme permitido caer tan bajo. Y es que digo caer tan bajo porque le llegué a rogar que se quedara conmigo o que me eligiera a mi ante que a nada que por decirlo así se burló de mi y de mis sentimientos. Y fue ahí donde comprendí en que todo en la vida vuelve. Y no hablo solamente de personas sino de actos también. Por eso el viejo dicho: “Actúa bien y te irá bien”. Y que hay que valorar lo que tenemos en frente nuestro porque al día de mañana será muy tarde para recuperar a la persona, los momentos, las risas y hasta su amor.

En fin, por ahí dicen que nos enamoramos tres veces: de nuestro primer amor, amor imposible (segundo amor) y del amor de nuestras vidas. Solo quiero agradecerle a mi primer amor por haberme enseñado amar de verdad y a mi segundo amor por haberme hecho fuerte. Creo que ya estoy lista para conocer al amor de mi vida que donde quiera que esté le prometo hacer todo bien y amar como si nunca antes me hubieran roto el corazón.

Te lo prometo, amor de mi vida…