El ‘socavón’ que significa este gobierno
En días pasados se hizo noticia nacional un socavón que hubo en el paso exprés en el estado de Morelos. Lo polémico fue que tenía meses de haberse construido. A partir de eso han salido todas las corruptelas que rodean dicha obra, que no nos resultan extrañas ni sorprendentes: compadrazgos, sobreprecios, desinterés, negligencia, etcétera. La cereza del pastel de la impunidad es que el gobierno pretende dar dinero a la familia de los que perecieron, como si eso solucionara el asunto.
El socavón es la analogía perfecta de este gobierno, pero en dos sentidos opuestos. Este gran hoyo es el gran fracaso de las políticas públicas que se vienen implementando durante todo el sexenio de Peña Nieto que no han cumplido con lo que prometían ni de cerca. Consecuencia de esto es que la última encuesta del Grupo Reforma arroja casi un 80% de desaprobación ciudadana hacia esta gestión, algo histórico. El ejecutivo llamaba a sus cambios “reformas estructurales”, intentando vendernos la idea de que eran para construir, lo cual no fue sino una gran mentira. Dichas reformas solo fueron un socavón en lo poco que quedaba de México.
Sin embargo el otro sentido de esta analogía es que no es el gobierno el que está dentro de este gran hoyo, sino nosotros mismo. El pueblo que ni la debe ni la teme. Ellos, aún con la desaprobación de la población, han salido ganando con sus negocios millonarios, y un grupo muy compacto de empresarios han acumulado ganancias estratosféricas con dichas reformas y con las (falsas) licitaciones. El ejemplo de Mexicali es que pretenden construir una empresa cervecera a pesar de que 1) la población en general no está de acuerdo, y 2) hacerlo implica un desastre ambiental a mediano-largo plazo. Otro ejemplo actual es el arrendamiento (es decir la renta) de patrullas por parte del gobierno municipal de Gustavo Sánchez, en donde se beneficia ni más ni menos que un mexiquense cercano a Peña Nieto (Publicado por Semanario Zeta). No es raro que los gobernantes se crean dueños de los recursos económicos, como el caso de Gustavo Sánchez que no tiene descaro en regalar dinero a un empresario cercano a Peña Nieto. Pero el colmo del cinismo es querer regalar los recursos naturales, como es el caso del agua, a una empresa que fabrica cerveza, a costa de miles de familias que viven de la agricultura. Pretenden llenar su socavón con cerveza.
Lo más lamentable es que este socavón, por más grande que parezca, es solo la parte visible. Es decir, ya ni hablemos de todas las demás reformas: ¿la reforma educativa trajo mejor educación? ¿la energética mejoró la producción y abarató los costos de gasolina y electricidad? ¿la reforma fiscal trajo mejor recaudación (y repartición)? Solo los que viven de este sistema lo defenderían, y nos atiborrarían de datos inútiles, como los nivel de gobierno cuando se culpan unos a otros de tremendo socavón.
Entonces no es que el gobierno sea un gran hoyo que haya que tapar, sino que el gobierno provoca ese mismo socavón para echar dentro al pueblo. El gobierno es el que socava las esperanzas del pueblo.
