“Los celos se tratan como enfermedad”
En algún lugar recuerdo haber leído la cita que da título a esta reflexión. Lacan señaló que los celos, fundados o no, son una enfermedad. Es decir, contrario a lo que se cree habitualmente, no pueden existir los celos “normales. En las relaciones de pareja se dicen cosas como que “pocos celos está bien, así demuestra que le importas…”
El problema de los celos es demasiado amplio y no lo vamos a resolver aquí. Por ejemplo ¿por qué los bebés y los animales también sienten (lo que nosotros llamaríamos celos? Es común (aunque tampoco es algo que podamos decir generalizado o mayoritario) que a los niños no les guste que sus padres muestren cariño a otros niños. Lo que quiero decir es que, independientemente de la reflexión neurobiológica que podamos sobre la naturaleza de los celos, lo que hoy en día conocemos como tal, tiene que ver sobre todo con la propiedad privada.
¿Por qué nos molesta el simple hecho de imaginar que nuestra pareja tiene una “aventura” con alguien más? Porque sentimos que aquella es nuestra propiedad, y que su vida nos pertenece, y que no debería “desear” nada ni a nadie fuera de mi. Quizás podríamos salirnos un poco del círculo íntimo: la sensación de celos se presenta también cuando la pareja hace planes que no nos contemplan: supongamos que se le presenta una oportunidad de trabajo que la persona realmente desea, pero fuera de la ciudad, en tal caso nos sentiríamos relegados, que “su trabajo le importa más que yo”. La respuesta cruel pero cierta podría ser “sí, ese trabajo me importa más que tú ¿por qué tú me tendrías qué importar por sobre todas las cosas?”.
No quiero hacer aquí una apología de la falta de compromiso. Estoy de acuerdo de que a la hora de entramos en una relación de pareja, adoptamos y asumimos cierto compromiso y responsabilidad con la otra persona (lo cual en la gran mayoría de los casos incluye exclusividad sexual). Eso es innegable. El problema aquí es que está relación no se presenta como tal, sino como una relación de mutua propiedad: la vida del otro nos pertenece totalmente.
No podemos justificar el tema de los celos con argumentos naturalistas, sobre que es “normal” en el ser humano. Nadie se atrevería a justificar la agresividad con tal argumentación a pesar de que también es cierto. Es por eso que Lacan ve en los celos una patología per se. Si alguien dice “es que tengo motivos para estar celoso”, la pregunta debería ser ¿y cuál es el motivo para seguir en esa relación? Es la misma cuestión: el único motivo es poder controlar su vida.
El punto aquí no es justificar al infiel, y decir “los infieles así son y nunca van a cambiar”, eso no es lo que se discute. Mi punto es que quien se pone celoso tiene un problema él mismo, y regularmente se quiere transferir ese problema al otro, a culparlo por no responder a nuestras expectativas. El problema, quizás, son nuestras expectativas de control y dominio sobre la vida del otro.