El Sindrome de Hikikomori I (despedida)


La pequeña lágrima salada que comprimía todo el dolor de un océano,
caía por mi mejilla de manera iracunda.

Solté el cigarrillo (apenas lo había tocado),
tome tu mano,
mire tus ojos,
y quede perplejo por el inefable paisaje
que en el se reflejaba.

Eras tú!
siempre lo supe,
lo supuse,
lo sabia…

Nunca actué,
pero el tiempo implacable y tormentoso se encargo de recalcarlo siempre.

Suspire una,
dos y cuatro veces…
quizás más.
“duda”

Pese a que era muy temprano aún,
supe que había llegado la hora de partir.

Me despedí.

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