Crónicas francesas. Ineska #bonjournalist

Una mujer extraordinaria. Sonríe con una mirada desafiante y la habitación se ilumina. Inés o Ineska, es una empresaria africana que solía abrir en persona la puerta de su pequeña boutique en Rue Romarin de Lyon.

En su concepto de negocio agitado, no mezclado, por un lado introdujo el arte de la moda con estampados muy vistosos, en hilo de algodón y seda a través de horas de trabajo y por otro lado, sus galletas, hechas a mano.

Esta sub-venta de alimentación sin embargo me dio que dudar. Le faltaba o le sobraba marketing.

Sobre todo, pensaba, deja entrever que no cree lo suficiente en su moda y por ello necesita apoyarse en una línea secundaria de producto.

Lo que me creaba más confusión era la fe y ambición que ella depositaba en su ropa “quiero una tienda en Champs-Élysées”, siempre con espacio para una estantería donde dejar reposando mustios y existencialistas, esos paquetes de galletas. ¿Me comen o no me comen?

Y muchas otras cuestiones desafiantes que podría usted valorar en la voluntad de mezclar ropa de alta costura con galletas horneadas en la parte trasera de una iglesia evangelista. En esta elaboración, siempre he tenido la sensación que se encontraba latente una buena dosis de ilusión. Es justo lo que me atrajo de la idea. Me gusta y me identifico con un producto en el que cree tu grupo de amigos.

Nos pusimos a hablar porque le pregunté si sabía de algún apartamento para alquilar. Fue entonces cuando se acercó aquella clienta que arrastraba dos gatos enormes en una correa de perro. Pero este personaje nos va a distraer en la narración. Digamos que cuando volvimos a quedarnos solas, la diseñadora me ofreció un asiento. Era una silla de mimbre con respaldo, la misma donde se sienta el personaje Boca Dorada de Corto Maltés. En estas sillas me acuerdo de él. Quizás por eso dije alguna que otra tontería. Por ejemplo, ¿por qué no me dejas llevarte el marketing?

No, lo cierto es que ha pasado un año casi desde que nos conocemos y nunca he hecho nada por sus galletas. Sin embargo, sí estoy escribiendo con relativa frecuencia sobre su línea de ropa africana. Lo hago desde la fe. La creencia en que estoy haciendo algo útil.

Creo que ella puede mejorar el mundo de la moda y me encantaría que desafiara a las casas tradicionales de alta costura. Creo que es una diseñadora excelente. Creo en su vestido de un millón de cristales, ajustado, me quedaría muy bien si fuera rica para poder comprarlo.

Al día siguiente de nuestro encuentro investigué un poco, seguí los pasos de otros turistas, entré en comercios, hasta que di con la pieza perdida del puzzle Ineska. En un callejón con soportales de dos niveles, Lyon ha establecido su centro creativo de moda, “ciudad de jóvenes creadores”.

Solamente marcas vinculadas a la ciudad de Lyon o que estén establecidos comercialmente en Lyon, así me contó la encargada de prensa. Juntas tuvimos una interesante conversación.

París, siempre será París, decía. Estamos intentando lanzar Lyon como centro de moda, pero nunca llegaremos a ser como ellos. Ni lo intentamos.

Lyon, pese a esta humilde perspectiva, cuenta con un material para tejer una industria textil de ensueño, la seda que emplea Ineska. Hoy los turistas pueden visitar los talleres de seda que se encuentran todavía en ciertos barrios, por ejemplo, en la Croix-Rousse, o directamente en los muestrarios de venta al público.

Sedas con estampados de todos los colores y formas, dibujados por manos pacientes y llenas de talento. Precios de escándalo en una sociedad que no duda en aparentar lujo, aunque no siempre pueda permitírselo.

De hecho resulta caro alquilar un local y la afluencia de público no se garantiza, pero una de las ventajas de afiliarse al centro es la movilidad, ya que los diseñadores tienen la oportunidad de vender sus creaciones en las Galerías Lafayette o incluso en un salón profesional de Paris que se celebra durante la semana de la moda.

Mientras me contaba estos detalles, me interesé más y más por los negocios de este grupo. Pedí una entrevista con la casa Martin Morel y me la concedieron sin ningún problema, al día siguiente.

Todas me parecieron interesantes, no me habría importado conocer a cualquiera de los creadores de las otras marcas que pertenecen al círculo, como Hysteriko, Saint-Vennant, en prèt-à-porter, Isabella Boutin, La Chambre Blanche, en trajes de novia, Pülü, en tejidos naturales, por poner algunos ejemplos.

Lyon ha acertado con esta pequeña villa de artesanos que nació en 2001 y que desde entonces revitaliza el barrio de la Croix-Rousse.

Es una de las señas de identidad de Lyon, la seda. En el Renacimiento fueron los comerciantes y banqueros, los que introdujeron el valor del lujo alrededor de este delicado material.

Pero a nuestra diseñadora de sonrisa fascinante, la zona de la Croix-Rousse no le convence para su deseada clientela. “Me mudo. Dejo el barrio. Hay demasiada inestabilidad”, me anunció el último día que nos vimos. Se refería a los pequeños locutorios regentados por dueños llegados del Medio Oriente. Se quería a trasladar a París. Le deseé la mejor de las suertes y nos despedimos.

Aun hoy sigo viendo la publicidad on line sobre sus tejidos coloridos y atrevidos, junto a sus productos alimenticios, pero sobre todo, recuerdo haber hablado sobre su marca con una conocida revista española. “No nos interesa un artículo sobre ella porque no es famosa”, me contestaron. Pero qué sentido tiene ocultar los tesoros que tenemos en nuestras ciudades europeas, me pregunto. Qué manía con alimentar la cadena de hechos y personajes famosos. No creo en eso.

Las diseñadores africanas por suerte han logrado un poco más de visibilidad, por mérito propio, hace tres semanas, durante la campaña Africa Chic. Ahí estaba Ineska, defendiendo su identidad.