Ahlat Ağacı. Nuri Bilge Ceylan

El peral salvaje

Mercedes De Luis Andres
Nov 19 · 4 min read

(impresiones para el Blog de Cine Club Calle Mayor)

Difícil elegir por dónde podemos comenzar a hablar sobre este viaje a Turquía de tres horas, la obra de un director de culto, tal y como lo presentaron en la sesión de Cine Club Calle Mayor.

La película se divide en dos partes. La primera está centrada sobre Sinan, un estudiante recién graduado en búsqueda constante de su verdad personal, descubriendo el inagotable pozo de los sueños humanos y enfrentando una decepción personal cuando descubre que su padre, maestro de profesión, se ha volcado en las apuestas haciendo peligrar el capital familiar, una conducta que a pesar de todo se disculpa por su bondad natural y por el amor incondicional de su esposa.

Después de presentarse a un examen para conseguir la plaza laboral sin apenas haberlo estudiado, Sinan se deja llevar por su motivación principal, llevar una vida de escritor, lo que le llevará a charlar con uno de los autores locales de éxito comercial, primero en una librería, después en una persecución callejera hasta que el escritor consagrado, cansado del sarcasmo lleno de verdad del “joven romántico”, como él le califica, decide finalmente huir de sus preguntas para continuar su camino en paz, quizá lejos de la búsqueda de la verdad que correspondería a la figura idealizada del intelectual pero eso sí, tranquilo con la certeza de vivir de su obra sin grandes problemas económicos ni de conciencia.

La segunda parte comienza con la realidad de la vida que se impone como una tormenta de nieve, sepultando bajo su manto los sueños que podían tener los hombres y las mujeres de esta historia. Se sumerge bajo la tierra el deseo de tener razón, el deseo de encontrar agua en un terreno yermo, el deseo de ocupar una plaza de maestro aunque sea en el inhóspito Este del país, entre otras ambiciones vitales que demuestran la extraña danza entre la naturaleza humana y el destino. Quizá para un corazón como el de Sinan resulte doloroso de entender, por eso se juzga con extrema severidad no solo a sí mismo, sino también a su padre, a su madre, a su hermana y a aquel escritor de éxito a quien nos referíamos antes.

Toda la película gira en torno a la realización de su personaje principal, Sinan, sus descubrimientos personales y la aceptación de su naturaleza, del sitio del que proviene, Çanakkale, en la costa de los Dardanelos, a través de una trama que se centra en una pequeña comunidad de la sociedad turca del siglo veintiuno.

Esta historia, que podría ser una bella narración sin más trascendencia, revela la ambición detrás del guión, no solo se trata de la vida de Sinan y su familia, sino de llevar al espectador al escenario donde se desarrollan los hechos, dando la sensación de ser proyectados a ese momento y lugar, atravesando los mismos puentes que atraviesa su protagonista, cegados por la misma luz que él vislumbra entre los árboles.

Tenemos que hablar de El Peral Salvaje en cuanto a su forma. Desde el primer momento nos sumergimos en su ambiente. Cada toma está llena de poesía y destila una belleza rara, gracias al arte del director de fotografía en usar distintos tipos de luz para iluminar los ambientes de la historia. Las peculiaridades del territorio, su contraste entre edificaciones rurales y paisajes agrestes, capturan al espectador.

Además las escenas filmadas en la casa de Sinan permiten a los personajes expresarse a través de una atmósfera hogareña y melancólica. La oposición entre la quietud de la vida familiar con las escenas dialogadas en los caminos y vagabundeos atraen al espectador de una manera hipnótica.

Con El Peral Salvaje, se pone de manifiesto la necesidad de romper con las tradiciones para dar vida a la modernidad y todo lo que ella trae: la tecnología, el debate religioso, las aspiraciones posibles para una vida femenina o las expectativas de un vida de campesino. Pero además, la “metanovela” que escribe Sinan, ese manuscrito que presenta a varios patrocinadores, sitúa bajo el foco la dejadez de un territorio en manos de una administración obsoleta, sin interés real por sus habitantes, es decir, una inercia burocrática solo interesada por perpetuar el mito histórico de las ruinas de Troya. La película no representa un rechazo frontal a esa conducta, se sobreentiende que somos hijos del momento histórico, pero no por ello deja de destacar las dificultades de una juventud que se ha preparado incluso de manera universitaria, para conectar con el conformismo de una tradición caduca. De esta manera, el director alimenta la sustancia de su película con su crítica para desarrollar aún más el valor de El Peral Salvaje. Resulta muy natural cómo habla al espectador a través del diálogo de los personajes, elemento clave para atraer la atención hacia la próxima escena que atravesará el corazón de Sinan.

Da la sensación de leer un libro mientras los personajes charlan entre ellos. Escuchamos sus diatribas filosóficas con un joven imán, con una amiga de colegio que sueña con ser libre, con aquel escritor comercial, con su propio padre y con su madre, en fin, todos hacen posible que se construya una madurez personal en el joven Sinan, hasta llegar a comprender que aquello que rechazó toda su vida, su propia naturaleza, era necesario. Tenía que atravesar todas esas pruebas del camino, para volver al punto de partida, donde todo comenzó. Y por fin, aceptarse, a sí mismo, al padre, al territorio.

Mercedes De Luis Andres

Written by

Escritora y periodista a la búsqueda del Zeitgeist europeo.

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