Lo que cuento cuando hago las maletas. Nunca he conocido a Peter.

Nunca he conocido en persona a Peter. Sin embargo hemos hablado y ha ocurrido una catástrofe. Algo sin importancia. Bueno, relativa importancia. No lo sé porque no me ha dicho qué piensa. La verdad. Y yo siempre temo lo peor. En realidad su trabajo es interesante y que valore mi propia obra de periodista, debería ser motivo suficiente para invitarle a un café. En Lyon tomaba decisiones mecidas en el viento del deseo, esperando con todas mis fuerzas, que la ciudad me descubriera un escenario jamás imaginado. Lo que se conoce normalmente como una quimera. Una ilusión quijotesca. Sigo viajando con esa revista universitaria del departamento de Peter, y me pregunto, si no ha perdido ya su encanto. Pero aprendo con las revistas, necesito, me gusta recoger una distinta de cada ciudad por donde paso. Ahora además guardo “Lyon en el Renacimiento”, un cuadernillo. Recuerdo que llegué a adentrarme en el local donde la asociación Amigos del viejo Lyon, celebraban sus reuniones, era un local céntrico con cristalera, a la vista de todos los que paseábamos, el tipo de local que uno elegiría si quisiera ocultar algo, ya sabe. Siempre me queda la sombra de la duda, si cuando regrese allí, si es que regreso al año próximo en verano acaso, llegaré a tirar del hilo y a descubrir un pasadizo secreto, en estas calles que atraviesan la ciudad, ocultas tras portones oscuros.