“El mar es un elemento natural y la poesía, mejor dicho, los poemas — yo pienso más en términos de poemas que en términos de poesía — son cosas creadas, artefactos. Es decir es difícil pensar en ellos como algo que desborde a la propia vida, más bien es lo contrario.”

Jaime Gil de Biedma.

De “Conversaciones” Editorial AUSTRAL

De esta forma, con estos ARTEFACTOS comienzo mi nueva singladura poética. Con una miscelánea impropia del poeta que fui que, desatendiendo primero a J.G.de B. en su consejo de “abandonar la corrección cuando el poema deje de acompañarte” y a Jorge Luís Borges cuando afirmó aquello de “el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”, seguía en el empeño loco de corregir sin parar. Hasta que un día, mi hija María me dio una pista sobre el probable inicio de mi enagenación crítica.

“PAPÁ ESTE POEMA HOY NO ME GUSTA Y AYER ME ENCANTABA”

María me dijo que el poema había dejado de encantarla de un día para otro. Cuando le pregunté la razón me contestó con tres palabras: “Tenía un dibujo”. Acabáramos ¡un dibujo!.

Llevaba más de cuarenta años dibujando. Empecé a dibujar y a pintar antes que a escribir. Dibujaba a todas horas. Un día tirando de uno de los hilos del dibujo escribí mi primer verso, supe que no era una vulgar frase, tampoco me pareció un verso barato.

Tenía trece años cuando escribí mi primer poema, antes había dibujado un árbol y recuerdo aquellos versos que colgaban de una de las ramas y que cual fruto recolecté y titulé, en otra hoja “Primer poema” creo que Pilar, mi madre, guarda la copia.

¡Esa era la trampa! Siempre que algún dibujo me daba un poema, lo desgajaba de su matriz y lo reescribía en aquella Hispano Olivetti Lexicon 80, mítica e indestructible. Ahí empezaba el calvario de las correcciones hasta que María puso punto final “tenía un dibujo”.

En agradecimiento a su revelación quiero compartir este poema que Ernesto Briceño y el cantaor Joaquín Gómez, “El Duende” convirtieron en canción con la prodigiosa colaboración de Ignasi Terraza. ¡Va por ti María!