II

el silencio habita mi cuarto. afuera, un monstruo gigantesco llamado CIUDAD; sus fauces se dejan acariciar por la noche, cómplice imperativa del crimen y el abandono.

cuando es de día, los ruidos de la gente, los carros, estudiantes que corren a las escuelas se deslizan por los afilados dientes del titán inmutable: como si no hubiese peligro. como si andar bajo el sol fuera un acto liberado del dramatismo cotidiano que se entreteje a cada instante.

como si uno no esperase un temblor que estremezca las células de cada hueso que se mueva en su interior.

finalmente, habitamos en ese punto en el que cualquier instante es el idóneo para ser devorados

(por el desierto

el frío

el viento

o una tormenta de arena).

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