Santi, Lu, Marcos

Privilegios

Desde muy joven he tenido la oportunidad de trabajar con muchas personas, la mayoría geniales, inteligentes y buena onda.

Hace muy poco tiempo me di cuenta que dos de esas personas son mis hermanos. No es algo tan común, los tres tenemos profesiones diferentes y no nos une una larga tradición de empresa familiar. Sin embargo, en diferentes momentos coincidimos. Mi hermano es profesor de Educación Física y mi hermana Licenciada en Relaciones Internacionales, mientras que yo siempre fui el nerd de los números y las computadoras.

Aprendí mucho con ellos, pero lo que sin dudas coincidieron ambos es tenerme mucha paciencia, ser casi tan tercos como yo, compartir un sentido del humor muy similar, alto nivel en los detalles y tener una gran dedicación al trabajo.

Soy el mayor, mi hermano es 15 meses menor y mi hermana es 17 años menor. Sí, 17 años, mismos padres, es otra historia.

Con mi hermano compartimos toda la niñez, la adolescencia y el primer trabajo en la “empresa familiar”.

Era un trabajo de gran exigencia física, con una jornada que arrancaba muy temprano, trabajábamos con varios empleados de mi padre y no teníamos demasiadas ventajas respecto a ellos, es más cargábamos con la responsabilidad de ser de la casa.

No había gran diferencia entre las tareas que realizábamos ambos, mi hermano era más habilidoso en el acondicionamiento de las mercaderías arriba de los camiones, muy bueno asegurando las cargas y sin pereza alguna para subir, bajar, saltar, trepar, entre las cargas y los vehículos. A pesar de que hasta el día él conduce de forma más segura, yo era el conductor designado, también planificar y organizar el orden de las cargas y los pedidos. Estaba un poco más involucrado en la administración de proveedores y clientes.

Hemos cambiado mucho, pero mantenemos un pseudo-lenguaje propio de señas y palabras cortadas “caras” que nos permite comunicarnos de forma rápida y efectiva cuando hacemos algo en conjunto.

Ahora me doy cuenta que disfrutaba mucho trabajar, discutir y cerrar jornadas con mi hermano. Terminar las jornadas físicamente cansados nos generaba una enorme sensación de orgullo y nos obligaba a asaltar la heladera y capturar todo lo que se pudiera comer sin demasiada preparación.

Muchos años después y con una crianza diferente y una diferencia de edades importante, surgió la oportunidad de trabajar con mi hermana.

Cuando le picó el bichito de “trabajar para hacerse sus pesos” le ocupé en unas tareas de verano desde mi casa. Luego, una vez acordado con mi socio, la invitamos a trabajar en la oficina.

Trabajar con mi hermano había sido natural, hacíamos de todo juntos desde muy chicos. Con mi hermana es diferente porque yo soy el jefe y no soy muy diferencial en el trato entre los empleados y mi hermana, seguramente es heredado.

Al igual que con mi hermano, ella es más habilidosa que yo en muchas cosas, particularmente le admiro la diplomacia y paciencia en el trato con las personas, la forma clara de expresarse, la creatividad, el orden y cuidado a los detalles y fechas (no de cumpleaños sino de vencimientos, plazos, cobros, etc…).

Es un extraño privilegio el poder compartir jornada laboral con un hermano, implica desarrollar una relación de respeto y confianza diferente al parentesco, no hay derecho al lloriqueo trabajando juntos, y brinda la enorme ventaja de verse todos los días.

Un privilegio sencillo pero importante.

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