Hielo

Todo mi cuerpo está helado. Mi temperatura está por debajo de los 0 C°. Claro que, esto no es fisiológicamente posible, pero, así se siente. Me siento sin pulso, muerta, caminando por las calles. La lluvia me moja. Llego a mi casa y nomás cierro la puerta me desnudo. No siento el rozar de la tela contra mi cuerpo cuando me quito la ropa. Abro la ducha y el agua caliente. Cuando veo que ya mi espejo esta empañado me meto a bañar. No siento el agua cuando quema mi piel. Para mí, sigo helada. Salgo del baño y empiezo a secarme. Me visto y me preparo una taza de té caliente. No siento ni el dulzor ni el calor del té.

Suena el timbre y salgo de mis pensamientos. Al abrir la puerta me encuentro contigo. De la nada siento que todas mis células vibran y la energía cinética que producen aumenta. Empiezo a sentir una tibieza. Te dejo pasar y te limpias la lluvia de la chaqueta. Cuanto tiempo ha pasado… Nos miramos y conectamos. Nuestros átomos se reconocen y saben que deben orbitar en el mismo espacio. Chocamos nuestros labios y nuestros cuerpos se funden. Empiezo a sentir algo tibio dentro de mi pecho que termina siendo un fuego abrasador que me consume. Reconozco en mi lengua el sabor del te y lo dulce que estaba. Las quemaduras por el agua tan caliente empiezan a picarme. Dios mío cuanto te he extrañado… Y cuanto tiempo había vivido muerta sin ti.

M. Figuera

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