Si pudiesemos

- Y… ¿Si pudiésemos?

- Las personas mienten todo el tiempo. Cualquier cosa que te diga es mentira.

- Eso lo sé, pero… ¿Y si pudiésemos?

Me miras fijamente. Pero no me miras realmente a mi, sino a algo que existe por delante de mi. Estamos abrazados en la cama y afuera los carros se esconden debajo de la nieve. Sin embargo la tormenta ya ha pasado y ahora solo hay un frío helado; la noche esta en calma. Dentro del apartamento el sistema de calefacción nos protege de los grados bajo cero. Te aprieto contra mí. Dejas salir un largo suspiro y pegas la nariz a mi cuello. La restriegas en el. Cierro los ojos y me abstraigo en la sensación. Desde ahí me llega tu olor. Hueles como a tristeza mezclada con canela. Un olor al que me he vuelto adicto sin yo quererlo.

Te separas y lanzas otro suspiro.

- Supongo que podríamos ir a la montaña.

- Aja… ¿qué mas?

- Iríamos a la montaña, nadaríamos en la laguna, te acompañaría a ver el cielo oscuro cuando te pongas triste y te daría besos hasta en los párpados, pasearíamos agarrados de la mano, escucharíamos a Stravinsky en el carro mientras paseamos, te equivocarías al hacerme café en vez de hacerme té, tendrías que cocinar todo el tiempo porque no tengo noción de ni cómo se hace un huevo frito, iríamos a una tienda de decoraciones y elegiríamos el artículo mas feo para la boda de nuestros mejores amigos, me leerías a Poe en las tardes de un domingo y yo siempre encontraría tu cuerpo tibio para mi cuando llegue en las madrugadas del trabajo. Y te amaría, te amaría mucho más de lo que lo hago ahora.

- Suena increíble.

- No te mentiré, si que lo suena.

Un sonido interrumpe el silencio de la habitación. Reconozco el tono de llamada de tu teléfono; así también suena cuando yo te llamo.

Rompes el abrazo para poder contestar. Mientras escucho la conversación que tienes veo pequeñas películas en mi mente de todo lo que acabas de decir.

- ¿Aló? Si mi amor. Estoy en la oficina. Si, con esta tormenta no he podido salir; ando durmiendo en el cuarto de empleados. Si, mañana a las 10 de la mañana hay que estar allá. Bueno, espero poder salir en la mañana y llegar. Vale, esta bien. Yo también te quiero. Besos, adiós.

Escucho como la llamada se desconecta y tu vuelves a mis brazos. Te aprieto. Miro el reloj y me doy cuenta de que todavía falta para el amanecer. Repito la pregunta.

- ¿Y si pudiésemos?

Clavas tus ojos en mi y respondes con tu mirada. Me comienzas a besar con devoción y a tocarme cada fibra de mi ser. Se me olvida el universo y solo me concentro en tu cuerpo. Hacemos el amor como si se nos fuese la vida en ello. Lo hacemos con furia y rabia, con todos los te amo ahogados en la garganta y las lágrimas en el alma. Intercalas su nombre y el mío mientras estoy en tu interior. Una vez que te quedas dormida miro el techo. En mi cabeza se dibujan unas palabras grandes y claras.

Jamas podríamos.

M. Figuera

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