“Hacé la tuya, que para ser un boludo tenés toda la vida.”
Hernán Panessi es periodista y escribe todos los meses en las revistas Haciendo Cine, La Cosa, Los Inrockuptibles y THC, entre otras. Además, colabora semanalmente en el Suplemento No del Diario Página/12. Publicó en Playboy, Revista Ñ, Debate, Lamujerdemivida, NaN, Sudestada, Irrompibles y, en sus palabras, “en mil medios más”. También conduce el programa de radio FAN y es co-director de VideoFlims Distribución, desde donde edita y difunde al cine independiente argentino. Este año lanzó su libro Periodismo Pop, donde recopila sus mejores notas, y en unas semanas espera lanzar su nuevo trabajo: Pornopedia, dedicado a la historia del cine porno nacional. Panessi hizo -y hace- siempre la suya y contagia.

¿Qué es lo que te cautiva del periodismo?
Particularmente le tengo cierto miedo a la muerte, pero no como algo abstracto, sino como el fin de las ideas. Soy muy incómodo, me gusta hacer cosas todo el tiempo, siento como la necesitad imperiosa de dejar algo más. Además, ante ese temor me salta su rival, que es vivir. Todo esto es una excusa para tener aventuras, para vencer esa idea. El periodismo es un oficio muy versátil, y eso te permite abrazar un montón de causas y hacer varias cosas al mismo tiempo sin quedar desubicado.
Igualmente somos la mediocridad en pinta, no sabemos de nada, soy un inútil social total. Si se te queda el auto no puedo solucionarlo, tengo problemas con el contador, no tengo idea cuándo pagar el monotributo y pierdo todo. Sin embargo, mi oficio lo sé hacer bien, lo que se vuelve una virtud porque tu vida se enriquece, y una limitación porque es lo único que sabés hacer. Conocemos un océano de cinco centímetros de profundidad de todo. Yo, por ejemplo, te puedo hablar quince minutos de macro economía, de cómo se hace el tofu, de cine ruso y de despenalización de marihuana. A ese déficit que tenemos los periodistas especializados lo suplimos haciendo un marco por dónde movernos. El mío es el periodismo cultura joven, que no es más que una entelequia inventada y que la estiro hasta donde puedo.
¿Ese marco es el que vos denominás Periodismo Pop y que le da título a tu libro?
Esa es otra excusa, otra entelequia que invento para estar en la discusión. En el periodismo, como todos hacemos lo mismo, sujeto verbo y predicado, uno se tiene que inventar cosas para estar en el debate. Porque eso es tener trabajo. Y de esa manera los editores te prestan atención, tus colegas te tienen cierta estima, el público te lee o te ve y los dueños de los medios quieren tenerte de su lado, trabajando para ellos. Periodismo pop es estar en la discusión, periodismo especializado es donde me muevo.
Cuando te sentás a escribir, ¿tenés algún ritual o procedimiento que repitas?
A las notas las voy carburando en la cabeza, es como que me adelanto, nunca tengo la hoja en blanco. Pero no porque yo sea mejor, sino porque en el momento en donde los editores me dan el sí, ya tengo un cimiento de arquitectura de nota armada. Ahora estoy escribiendo parte del catálogo del Festival de Cine de Mar del Plata. Vi las películas este fin de semana con mi novia comiendo una picada, e iba anotando cositas mientras miraba. A esas palabras claves las macero en el colectivo, en el tren, las uno, intento embellecerlas en la mente y nunca tengo el dilema de la hoja en blanco. Es raro también cómo las ideas bajan por una antena o como una epifanía, es oficio también. Desde la práctica se adquieren ciertos artilugios que te permiten poder sostener eso que eran solamente palabras claves. No sé si tengo una fórmula más que esa, que es en realidad algo así; de lo urgente vomitar cosas.
Me adelanto a las notas también porque no puedo parar. Si no amás esta profesión no la hagas, yo soy periodista todo el tiempo, nunca dejo de serlo. Incluso si estoy cogiendo o comprando una figura de acción de Tony Hawk en una comiquería, somos re intensos. No dejo de carburar nunca.
¿Y a la hora de desgrabar?
Cada vez más estoy adoptando la opción de anotar y no desgrabar, salvo que sea un personaje que quiera guardar el testimonio porque me interesa como cuestión histórica. Las notas más urgentes las voy construyendo desde el papel. Tal vez sea pereza y lo más recomendable es usar el grabador porque no te perdés las intencionalidades, pero hay veces que tengo tan claro lo que quiero o espero de la nota que me puedo dar el lujo de anotar, que es una salvedad que me permito. Cuando voy a entrevistar ya sé lo que puedo purgar y lo que es rico. Es oficio nomás, no es magia. Cuando entrevistás a un volumen grande de gente te das cuenta que en las construcciones discursivas hay grasa y hay churrasco, e identificar ese churrasco es parte del oficio. Cuando desgrabo ya sé lo que es grasa discursiva y lo que es sustancioso para la nota. A veces cuando recuerdo o repaso la entrevista ya voy pensando el foco para saber qué cosas son prescindibles en función a la cantidad de caracteres que tengo que entregar. Pero no es una ciencia, siempre es oficio.
Además, cuando entrevisto no me gusta dejar al otro como un pelotudo, y muchas veces tenés la oportunidad de hacerlo. En el periodismo elegís que postura tomar, podes destruir a la gente, pero yo prefiero construir.
Cuando hablás de construir y destruir, en tu participación en el programa Argentina Para Armar conducido por María Laura Santillán ,te colocaste en el lugar de defensor de la juventud y tal vez del lado de los buenos para ese público ¿Por qué?
La nota que nombrás a mí me trajo muchas preguntas ideológicas, que después fueron resueltas con el pasar de los días. La verdad transmitida por televisión es muy fuerte, y esa verdad comunicada por los líderes de opinión es una verdad sólida. Cuando acepté la convocatoria al programa supuse que no me iban a aplaudir por mis ideas, pero no pensé que me iban a tratar tan mal. La verdad repetida te hace dudar, hubo tres o cuatro días en los que me sentí mal. “¿Estuvo bien lo que hice?” Y cuando empecé a democratizar mis sentimientos, los que están al lado mío, los héroes que me acompañan, me comentaron: “Hernán, qué bueno lo que dijiste”. Ahí me dí cuenta que me había servido para separarme de la gilada, porque era una mesa de consenso, no de disenso. “¿O no Hernán que la juventud está mal?” ( dice imitando a Santillán). No se puede hablar con esa liviandad, con esa distancia de la realidad. Yo no quiero ser Doña Marta, quiero ser el terror de las amas de casa. Y ahí estaba el prejuicio de decirme “con esa cara de falopero no podés hablar”, “tenés un arito”, “escribís en una revista de marihuana” o “sos un pajero”. Incluso lo discutí fuera del aire con María Laura, que me hablaba sobre este arito (se señala el piercing de la nariz), y yo le dije “a mí esto no me hace, me lo saco y sigo siendo el mismo”. La concepción de los valores es algo sólido. Ella me decía que no podía vestirse con colores claros porque los hijos se le iban a deschavetar. Los valores son algo sólido, algo que se transmite, no la desfachatez de ponerte el color celeste, es una estupidez.
Y llegué ahí a partir de leer y rodearme con gente que en esta visión dual de la vida yo también considero como del lado del bien.
Sin embargo, a pesar de defender a la juventud, en una editorial en tu programa de radio dijiste que notabas a los jóvenes anestesiados y aburguesados ¿También sentís eso?
Si vos querés hacer periodismo, querés poner tu pyme de chupetines, tener una banda, escribir poesía, ser político, se terminó eso de llorar el tango. Antes era más difícil, hoy estamos en un momento donde es más fácil, pero te tenés que despertar. Yo no hablo de toda la juventud, sino de cierto adormilado que cree que “bueno, terminé la facultad y ya está, van a lloverme los trabajos”. Mono, no es así, date cuenta y mejor que lo hagas rápido, que alguien te pegue un cachetazo y te diga empezá a hacer. No importa si es un fanzine, un blog, un podcast, un programa online o la primera mañana de la Rock and Pop, creétela y hacelo bien.
Ahora que estoy en la docencia, veo a muchos pibes que no se dan cuenta que la pueden hacer ellos y ven como héroes al consagrado, como una figura totémica a imitar cuando todos nosotros podemos ser héroes también. No lo digo como el Curso de Entusiasmo de Alejandro Rozitchner, lo digo porque es verdad. Loco, ¿cómo no nos damos cuenta? Respetemos a esos seres canónicos, pero hagamos la nuestra también. No va a pasar que venga Mario Pergolini y quiera que trabajes con él porque sos crack, si no hiciste una. Hacé las inferiores, forjá tu camino, porque esa es la única manera de aprender. Si no, terminás siendo un aburguesado del pensamiento y nunca hiciste nada. Y vuelvo a foco cero: te moriste y no le metiste un gol a la vida. Hacé la tuya siempre, pero no de rebelde, sino para cumplir tu sueño. Ganate el pan como puedas, pero a tu sueño mantenelo. Hacé la tuya, que para ser un boludo tenés toda la vida. Entonces, a todos los que están a tiempo, les digo “¡despiértense!”.
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