
Historias sobre mi madre
Cuando era adolescente fui la peor hija, la peor hermana y la peor persona que podía ser. Cuando cuento eso me suelen decir que es normal, que incluso es una característica propia de los adolescentes, que no debo preocuparme o sentirme mal por ello.
Pero a mi me duele quien era porque hacia llorar a mi madre. Los motivos eran los clásicos a esa edad: quería irme de ahi, me quejaba de ese lugar lejano y con carencias. No quería sus reglas, no creía en la religión que me habían enseñado.
Esta mañana me desperté pensando en ella, pesé a que no es su cumpleaños, o aniversario de muerte, pese a que ya son mas de 10 años sin ella.
Mi madre perteneció a esa generación de mujeres que se casaron con quien no amaban porque “ya se les iba el tren”, mujeres que no soportaron la presión social de su tiempo de no tener una familia propia después de los 30, mujeres con historias de amores imposibles, a quienes tuvieron de buena o mala gana que renunciar.
Mis tías aun me cuentan de aquel hombre gringo, que pertenecía a los Testigos de Jehova, del cual mi mamá estaba enamorada (siempre tuvo la ilusión de vivir el Estados Unidos) ella solo se intereso en su religión, solo por estar cerca de él. Un error que yo también cometí alguna vez.
Mi madre creía en los ovnis. Con ella vimos un par de ellos, o al menos eso parecían. Ella no les temía e incluso solía ver a Maussan, una vez por semana. Cuando le detectaron cáncer terminal, ella deseaba que la adujeran y la curaran, ella estaba dispuesta prácticamente a casi cualquier cosa con tal de curarse. Pero nada funciono, ni las quimioterapias, ni el flore essence, ni las continuas oraciones a Dios por milagros.
El día que murió casi al instante una lluvia torrencial inicio.
Mis familiares dijeron que era una buena señal, que era una señal de que el cielo estaba abriendo sus puertas hacia ella, que Dios la recibía.
Yo no creía eso.
A mi me gusta pensar que ese día un nuevo cielo se creo para ella, que el cielo se separo en un continente celeste personal.
Y que la lluvia solo fue una señal de esa separación.
Me gustaría poder imaginar como podía ser un mundo perfecto para mi madre en el cielo, pero no la conocí lo suficiente, no recuerdo suficiente.
Solo sé que no habría dolor y que Barry White le cantaría, una vez ella sintiera que no hay paraisos en silencio.