System of a down: La banda que obligó al mundo a mirar hacia el abismo

Michel Hernández

Hace 15 años una banda puso el mundo del metal de cabeza con su segundo álbum Toxicity. Los metaleros de respeto, esos que obviamente ya sabrán de qué se trata, sucumbieron ante su sonido crudo y salvaje, lleno de letras contra frustración en las sociedad de consumo, los conflictos bélicos, la marginación de las minorías, el racismo y cuanto asunto entenderían que funcionaba patas arriba en los países capitalistas, especialmente en Estados Unidos, donde surgieron en 1994 y cambiaron la faz de la escena del metal tal y como se conocía en esa época.

Nada más entrar en acción, System of a Down (SOAD) creada en California pero de origen armenio, actualizó la obra y el pensamiento político de Rage Against The Machine, pero con un sonido muy peculiar que no se había escuchado en la escena metalera.

SOAD, una de las bandas más comprometidas políticamente en las últimas dos décadas, le devolvió al metal una buena parte de su creatividad inicial ( por cierto, bastante soterrada por aquellos años) y su espíritu beligerante que iba perdiendo ante la entrada en juego de las compañías y las marcas que vendían a las alineaciones de new metal como la “buena cosa nueva” sobre todo entre el sector adolescente.

Liderada por el incombustible vocalista y compositor Serj Tankian , la alineación reventó los cánones metaleros impuestos por los grupos mainstream con una música que podía por delante la ascendencia armenia de sus integrantes incorporando elementos de la tradición rítmica de este pueblo europeo.

¿El resultado? Una atronadora colisión sonora que reúne a cientos de miles de metaleros en sus conciertos que le van de frente al hardcore, mientras la banda ataca por detrás con letras que hablan del genocidio del pueblo armenio por el imperio otomano, el desastre ecológico, los miles de muertos en las guerras junto a otros temas colocados bajo la alfombra por los intereses de los centros de poder.

Y los System, haciendo honor su estirpe de políticamente incorrectos, llaman por su nombre a cada asunto que los arrastra hacia el escenario otorgándole otros significados a la doctrina rockera promulgada desde el mainstream musical.

La explosión System arrancó definitivamente con Toxicity. Con anterioridad, habían puesto en órbita señales que denotaban el surgimiento de una nueva banda, con un sonido radicalmente diferente en la escena metalera donde daba sus primeros pasos. Sugar y Spiders, dos caballos de batalla de su álbum homónimo, fue una dupla que hizo girar de un tirón la cabeza del público hacia la banda y de las empresas discográficas más avispadas. Las cosas fueron mucho más allá con la publicación de Toxicity en 2005. Con este disco, la alineación despegó de la escena del new metal — que ya mostraba signos de decadencia — y estableció un estilo único en al amplio espectro de las bandas que giraban a principios del 2000.

Con Toxicity, los System se convirtieron en un fenómeno para las masas metaleras (vendió más de 5 millones de copias), con canciones que mezclaban, con un evidente interés en la experimentación, el folclore armenio, los sonidos más corrosivos del metal, diferentes variantes de punk y otros estilos que remataron un álbum imprescindible para comprender la filosofía de la alineación.

Las letras, inmersas en un estremecedor ambiente sónico, hablan con un rabia rotunda sobre la situación carcelaria en Estados Unidos (Prision song), el uso de drogas entre los jóvenes, (Needles), y el cambio climático, entre otros asuntos. El material tiene otras canciones apabullantes que le otorgaron el título de obra maestra del metal. Pero sus pieza clave, al menos en mi opinión, son Toxicity, Chop suey y Aerials, tres de los primeros himnos de la banda que llegó a dar cuerpo a otros títulos de enorme empuje como B.Y.O.B ( ganadora de un premio Grammy) Hypnotize, Lonely Day, o Cigaro, publicados en discos posteriores como el álbum doble Mezmerize/Hypnotize,

Este álbum, como el resto de los materiales de SOAD, le quitó la modorra que, como dijimos, venía sufriendo el metal e implosionó en las mismas narices de una escena dominada por las bandas de moda que, por aquellos años, estaban demasiado ocupadas en vender una imagen contestaría y antistema, pero que detrás de las cortinas asumían con entusiasmo el status imperante y negociaban con las grandes transnacionales de la música.

System of Down, tras una época en que encabezó los festivales internacionales de mayor calibre y compartió escenario con otros monstruos de la historia del metal, ( léase los legendarios Metallica o Slayer, que ya han trascendido cualquier encasillamiento en un género especifico, para situarse como dueños de un estilo irrepetible en la historia de la música popular), han mantenido el silencio discográfico durante diez años.

No obstante, el próximo año se espera que la banda salga de las sombras y ponga en circulación un nuevo disco, que como van las cosas, seguramente mantendrá su misma conciencia social, nos pondrá de frente al caos, continuará defendiendo sus raíces armenias, y todo ello con una andana de rock and roll atronador, con la que estos agitadores profesionales del metal han obligado al mundo a mirar de frente al abismo antes de luego que sea demasiado tarde.. .

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