Nutrias: la ciencia detrás de ser madre sustituta

Cortesía del Acuario de la Bahía de Monterey.

Las nutrias son tan sensibles a los cambios que, ocasionalmente, encallan en las costas.

En promedio, el Acuario de la Bahía de Monterey -ubicado en California (Estados Unidos)- atiende unos 14 varamientos anuales.

Muchos de estos resultan ser crías que, por diversas razones, se separaron de sus madres y las corrientes marinas terminaron arrastrándolas a la orilla.

Preocupados por la situación, los investigadores del Acuario atienden estos varamientos desde 1984 y, en el caso de las crías, incluso idearon un sistema de crianza que utiliza madres sustitutas.

Rosa, Abby, Ivy, Kit y Selka son nutrias que encallaron y no pudieron ser liberadas, así que viven en el Acuario y forman parte de la exhibición donde entretienen (y educan sobre conservación) a los niños que las visitan.

También son madres sustitutas y, entre todas, han educado a muchísimas crías que ahora viven libremente en los estuarios californianos. Les enseñan a bucear para proveerse de erizos y cangrejos, también a quebrar caparazones para así poder alimentarse, a huir de depredadores y otras habilidades necesarias para sobrevivir.

Más allá de las expresiones de ternura que se desprenden al ver a una de estas hembras criando a un hijo que no es suyo, lo cierto es que detrás de este programa de madres sustitutas hay mucha y buena ciencia.

Cortesía del Acuario de la Bahía de Monterey.

Maternidad subrogada

Los investigadores trabajan con una especie conocida como nutria del sur (Enhydra lutris nereis), la cual vive en la zona central de California. Se distribuye desde el sur de San Francisco hasta el noroeste de Santa Bárbara, lo cual representa apenas una pequeña porción de su extensión histórica.

En general, las nutrias están entre los mamíferos marinos más pequeños: pueden llegar a medir poco más de un metro y pesar unos 40 kilogramos. Asimismo, y aunque son capaces de estar en tierra, pueden vivir toda su vida en el océano.

Es de los pocos animales que utilizan herramientas (como piedras para quebrar conchas) y cuenta con el pelaje más grueso entre los mamíferos.

Los investigadores empezaron a experimentar con el programa de madres sustitutas en el 2005, aprovechando una característica de comportamiento que poseen las hembras de esta especie.

“Cuando alcanzan la edad reproductiva, la nutria se aparea y su embarazo dura unos seis meses. Dan a luz, cuidan a su cría por casi un año y cuando esta se va, inmediatamente después ya está lista para volver a quedar embarazada. Es decir, siempre está en modo reproductivo y nosotros sacamos provecho de esa tendencia a ser madres”, explicó Andrew Johnson, quien es el gerente del Programa de Investigación y Conservación de Nutrias del Acuario de la Bahía de Monterey.

Sin embargo, la crianza de las nutrias encalladas no siempre estuvo a cargo de Rosa, Abby, Ivy, Kit y Selka. Antes del programa, esa labor era realizada por los propios investigadores. Así es, una persona debía meterse al agua helada de la bahía de Monterey, durante una hora y tres veces al día, para enseñarle a la cría a nadar e imitar a una nutria en la manera en cómo romper el caparazón de un cangrejo, entre otras cosas.

Lo que pasaba entonces era que, tras seis meses de convivencia con seres humanos, las crías se acostumbraban a las personas y, al ser liberadas, buscaban ese contacto. “Empezamos a tener reportes de ataques de nutrias a kayaks”, contó Johnson.

Eso motivó a los investigadores a buscar otra opción de crianza y encontraron en las hembras, que forman parte de la exhibición del Acuario, una alternativa que resultó exitosa.

Cortesía del Acuario de la Bahía de Monterey.
“Todo empezó cuando recibimos una hembra que tenía un trauma en la cabeza. Esa hembra venía embarazada y, durante el tratamiento, dio a luz a una cría muerta. Entonces pensamos: ´pues esta es una hembra que está lista para ser madre´. Dos días después encontramos una cría encallada en la playa y entonces aprovechamos para que esa hembra la criara como si fuera propia”, comentó Johnson.

De hecho, para evitar el contacto humano, la madre sustituta y la cría se mantienen en un tanque especial que es monitoreado con cámaras. Asimismo, las cinco nutrias que son madres sustitutas se turnan.

“Hemos visto que, con la madre sustituta, la cría desarrolla las destrezas mucho más rápido que cuando la crianza la hacíamos nosotros y lo más importante es que las crías no se acostumbran a las personas”, destacó Johnson.

Tras unos seis meses de estar aprendiendo lo necesario para sobrevivir, esa nutria juvenil está lista para ser liberada. Sin embargo, antes, se le implanta quirúrgicamente una marca acústica para seguirle el rastro por el resto de su vida para así monitorear su adaptación al entorno y su capacidad reproductiva.

“Los animales criados por estas madres sustitutas sobreviven y se reproducen tan bien como los provenientes de la población salvaje”, dijo Johnson.
Cortesía del Acuario de la Bahía de Monterey.

¿Por qué son importantes las nutrias?

El programa de madres sustitutas persigue un objetivo de conservación muy ambicioso y está relacionado a los servicios ecosistémicos que proveen las nutrias.

Al ser depredadores de invertebrados, estos mamíferos cumplen funciones dentro del ecosistema como controladores y, de esta forma, ayudan a mantener el equilibrio.

Por ejemplo, en el océano, las nutrias se alimentan de los erizos. Estos, a su vez, se comen las algas gigantes conocidas como kelp y resulta que estas son hábitat de muchas otras especies. Sin las nutrias, se produciría un desbalance en la población de erizos y, por ende, la presión sobre el kelp sería mayor, evitando que estas algas crezcan.

En los estuarios costeros, la situación es similar. La diferencia es que, en estos ecosistemas, las nutrias comen cangrejos. Al mantener a estos crustáceos bajo control, se reduce la depredación de caracoles (alimento de los cangrejos), los cuales cumplen funciones como limpiadores del pasto marino y sin estas plantas, muchas otras especies se ven afectadas.

Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), las nutrias están en peligro de extinción. De hecho, a inicios del siglo XX estuvieron a punto de desaparecer debido a la cacería.

Si en 1750 se calculaba que 15.000 nutrias vivían en la costa de California, ese número en 1920 llegó a ser 50. Los cazadores buscaban a estos animales por su piel, la cual se vendía como objeto de lujo.

A lo largo del siglo XX, la población californiana creció hasta alcanzar los 3.000 individuos pero, en las últimas décadas, los investigadores del Acuario de la Bahía de Monterey han observado un estancamiento, es decir, los números no crecen.

Aunque aún se estudian las posibles razones, los investigadores manejan la hipótesis de que el crecimiento de la población está determinado por la disponibilidad de alimento y eso deriva en otra inferencia: el alto número de crías que encallan puede deberse a que la madre se separa de ella por largo tiempo para buscar comida y, durante esas horas, las corrientes marinas arrastran al cachorro hasta la costa.

También, esta limitada disponibilidad de alimento podría estar restringiendo a la nutrias a ciertas zonas y, por ello, el rango de distribución se ha reducido con los años. Lo preocupante, según Johnson, es que estas zonas están alcanzando su tope de capacidad, por lo que los científicos creen necesario que la especie amplíe su rango de distribución.

Por ello, el Acuario está liberando nutrias juveniles en los sitios donde históricamente estuvo presente la especie y que, debido a la cacería, fue removida de esos lugares. Esto con un doble propósito: darle posibilidad al mamífero para que amplíe su rango de distribución actual y, con ello, la nutria ayuda a recuperar esos ecosistemas de estuario de datación histórica gracias a sus funciones como controladores.

De hecho, y gracias a la introducción de nutrias, las praderas de pastos marinos se han ido recuperando en los estuarios del centro de California.