¿Por qué amamos a Isla del Coco?

El 6 de diciembre de 1997, Unesco declaró al Parque Nacional Isla del Coco como Sitio Patrimonio Natural de la Humanidad. ¿Qué tiene este lugar que provoca orgullo y, sobre todo, cariño?

Fotografía: Michelle Soto

En Isla del Coco me sentí animal y con ello quiero decir que, por primera vez, me sentí parte de la biosfera. Fui un simple Homo sapiens y, entenderlo, me permitió comprender el propósito de las aves que sobrevolaban los peñascos, el de los tiburones que nadaban en las bahías y el de los cangrejos que se hacían un hueco en la arena.

Mi ritmo biológico se sincronizó con ese lugar. En la isla, todo se complementa y las relaciones entre organismos es tan equilibrada que, si llegara a faltar uno, el efecto dominó acabaría con la vida de miles de seres.

En Isla del Coco entendí cómo era antes el planeta, previo a la civilización. Es lo más cercano que conozco a lo prístino, a lo puro. Como costarricense, este es mi referente del paraíso en la Tierra.

Sé que hemos sido pocos quienes hemos tenido el privilegio de conocer este sitio. Por ello, pedí a otros “enamorados de la isla” que me explicarán el por qué del cariño que le profesan.

Precisamente hoy, que se cumplen 20 años de la declaratoria de Patrimonio Natural de la Humanidad, este grupo de guardaparques, voluntarios, marineros, instructores de buceo, operadores turísticos, científicos y ambientalistas se unen a mi voz para que, a través de nuestras palabras, más personas puedan conocer este parque nacional y sigan apoyando su conservación.

Geiner Golfín, coordinador de investigación y guardaparque del Parque Nacional Isla del Coco

“Amamos a la Isla del Coco porque ella encierra uno de los mayores tesoros del hombre, que es su libertad. En este lugar tan remoto de lo comúnmente se llama civilización y que nosotros llamamos “continente”, evocas tus pensamientos más entrañables, rodeados de emociones transparentes que dibujan la naturaleza.

”Si bien se pasa mucho tiempo viendo y escuchando acerca de la biología marina, nada se compara con poder estar sumido en este laboratorio viviente.”

“Si bien esto representa un sacrifico para con mi familia, el esfuerzo personal tiene su recompensa al saber que se está trabajando por dejar un mundo mejor, por alzar la voz por aquellos que sus ecos no son escuchados.

”Sueño con que, algún día, la Isla del Coco sea designada santuario de tiburones”.

Cindy Fernández, bióloga marina del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la Universidad de Costa Rica

“Personalmente amo la isla porque es un lugar místico, casi mágico, en el sentido de tener un pedacito de nuestro país en el medio del océano. Y un pedacito de tierra que es completamente verde, con cascadas que caen al mar, y ese mar lleno de vida rodeándola, la belleza es simplemente perfecta. Causa como un orgullo decir que uno es tico y que la Isla del Coco es parte de eso.

”Además, desde el punto de vista profesional, la isla es aún más cautivadora porque representa la teoría de islas, el endemismo en su máximo esplendor, y lo más espectacular es poder ver las cadenas alimenticias desde el depredador tope hasta los productores primarios, todo un engranaje perfecto que no se observa en otro lugar”.

Carlos Felipe Chacón, director de crucero del Undersea Hunter Group y piloto de mini submarino

“ Para mí, trabajar en la Isla del Coco ha sido uno de los acontecimientos más grandes de mi vida. He compartido bajo el agua con algunas de las criaturas más impresionantes y majestuosas del mundo animal, he conocido a un sin número de personas de todo el mundo que les une la pasión por este maravilloso tesoro que tenemos los costarricenses y me ha dado la oportunidad de tener un micrófono (o cámara) en mano para poder compartir con muchos otros más la importancia de proteger este tesoro para las futuras generaciones”.

Maikel Pérez, guardaparque del Parque Nacional Isla del Coco

“En los siete años que tengo de trabajar en el Parque Nacional Isla del Coco, cada vez que ingreso a la isla, siempre es una experiencia nueva. Es muy grato saber que, cada vez que la visito, aprendo algo y, cada vez que salgo, vuelvo a continente con una experiencia nueva de vida.

”Aparte de mi rol en control y protección para resguardar las 12 millas náuticas de aguas protegidas, también colaboro en investigación y siempre hay algo diferente qué hacer. Estar lejos de la familia no deja de ser difícil y la isla, de alguna forma, logra recompensarlo a uno por esa labor de conservación.

”La isla, por ejemplo, ha enseñado a mi hijo a conservar. La experiencia que ha tenido cuando él la visitó y lo que yo le cuento, sé que por eso ahora él valora más a la naturaleza y tiene una mentalidad diferente.

”Para mí es un gusto trabajar en Isla del Coco, protegerla y sentirla viva. Ella expresa su gratitud de múltiples maneras y más que un trabajo, la isla ha logrado cambiar mi visión de mundo por completo. Me ha permitido valorar la vida”.

Michel Montoya, biólogo ecólogo e historiador

“ Un amor a primera vista, desde que te conocí en junio de 1983, son 34 años en el cuales le te sido fiel. Te he visitado más de veinte veces, te he hecho famosa en el mundo con mis publicaciones científicas y de divulgación, te he alabado y ponderado en muchas conferencias que he ofrecido en Costa Rica y fuera de ella, te he defendido muchas veces. Así te quiero Isla del Coco, siempre bella y admirada. Te tengo en mis pensamientos”.

Melania Guerra, ingeniera y oceanógrafa

“ Mi experiencia de ir a la Isla del Coco fue como hacer dos viajes simultáneos al pasado. Primero, un viaje a un pasado prehistórico, porque los ecosistemas que pude admirar, tanto marinos como terrestres, deben ser lo más parecido a como hubiera sido Costa Rica antes de la colonización penetrante, a los impactos del cambio climático, a la degradación de tantos tipos… Uno siente que le va a salir un pterodáctilo volando por encima de la cabeza. Pero también fue como viajar a mi pasado personal, cuando chiquitita veía boquiabierta las tomas submarinas de El Planeta Azul de Jacques Cousteau, que tanto me inspiraron a seguir una carrera en ciencias marinas. Entonces fue como ver la isla a través de la emoción de quién apenas está descubriendo por primera vez la pasión a la que le quiere dedicar el resto de la vida”.

Carlos Hiller, artista plástico y voluntario del Parque Nacional Isla del Coco

“¿Por que amamos a la Isla del Coco? Porque es idílica y paradisíaca. Porque despierta en nuestra imaginación una multitud de sentimientos: representa lo puro, lo virgen. Y una vez que estamos allí, nos refleja como un espejo, nos enfrenta a nosotros mismos. Porque de alguna manera la Isla del Coco nos transforma. Porque es lejana, agreste y salvaje. Porque cuanto más la conocemos, más nos damos cuenta de lo compleja que es, cambiante, frágil, laboratorio de vida. Por su gente: los que trabajan en relación con ella, la cuidan, la visitan, tanto allí como en “tierra firme”. Por su pasado tan particular. Por ser esperanza para el futuro. Por el presente que nos recuerda a cada instante que debemos respetarla, admirarla y custodiarla”.

Alejandra Villalobos, directora de la Fundación de Amigos de la Isla del Coco (Faico)

“La Isla del Coco es de esos amores que te retan a siempre hacer algo y nunca rendirse. Es un lugar mágico que me cautivó hace 15 años, sin tenerlo planeado, y ha sido una de las bendiciones más increíbles que he tenido.

”La isla, sus aguas y la vida en ella, son cosas en las que nunca dejo de pensar, tantas cosas quisiera hacer para que la gente conozca lo que es y todo lo que ella encierra: historias, piratas, tiburones, tesoros, guardaparques, un bosque nuboso en medio de la nada, barcos…. ¡Son cosas inigualables!

”Creo que por eso paso todos los días en una constante emoción y pasión por la labor que desempeñó hoy en Faico, una organización que de verdad somos amigos con un objetivo común para toda la vida.

”Creo y admiro el trabajo de los guardaparques y de quienes unen esfuerzos desde continente para conservarla y protegerla, por tanto, cada esfuerzo vale una y mil veces, aún cuando todo lo que quisiera hacerse no resulte. Es ahí cuando la isla se vuelve el reto más bello que se pueda tener”.

Edwar Herreño, biólogo marino, instructor de buceo y fotógrafo submarino

“isla del Coco es una isla con una belleza única, tanto en superficie como bajo el agua, que enamora a primera vista. Ella es un claro ejemplo de como eran nuestros océanos apenas unas décadas atrás. Ella representa la esperanza y razón del por qué tenemos que luchar y unir fuerzas para contar con más ecosistemas como este. Tuve la fortuna de trabajar varios años en la isla y puedo decir que esta se ha convertido en la experiencia de mi vida”.

Ilena Zanella, bióloga marina e investigadora de la organización Misión Tiburón

“Era setiembre del 2014 cuando me embarqué en el Undersea Hunter rumbo a la Isla del Coco. Como joven bióloga marina estaba llena de energía y emoción por conocer la isla más bella del mundo, pero no tenía ni idea de que este viaje cambiaría mi vida.

”Llegamos al amanecer y, apenas se deslumbraron los primeros rayos de luz, pude observar la isla, verde, llena de vida y rodeada de neblina. Me impresionó ver como un pedacito de tierra en medio del océano Pacífico pudiera ser tan verde.

”La primera inmersión en la isla fue inolvidable, tantos colores, tantas interacciones, tanta acción…pero lo que realmente cambió mi vida fue la inmersión en Alcyone, en donde observamos cientos de tiburones martillos en la estación de limpieza. Quedé impresionada por la cantidad de tiburones, sin embargo a la vez se veían tímidos y vulnerables.

”Después de esta inmersión me convencí hacer algo para los tiburones, que por años fueron mal comprendidos y que, en realidad, son sumamente vulnerables. Así que por esto amo la isla del coco, por su verde, por su vida y por sus tiburones”.