Del lugar de tu muerte y lo que pasó después

Nunca quise verme en tu mirada

y ahora no podría aunque quisiera.

Ahora, aunque te buscara ya no te encontraría,

sólo a esta cruz

(como si con ella bastara para explicar tu vida)

que en realidad no dice nada.

Como si entre las piedras

se ocultara una razón para la ausencia.

Pero te repito,

no queda nada,

sólo el silencio de las cosas que atestiguaron tu muerte,

y ahora yacen inermes,

como esperando una voz

-acaso tuya-

para recuperar su sentido.

Mientras, el hombre y su orgullo erigen intentos de explicaciones

remedos estúpidos de entendimiento,

como si erigiéndote en piedra se explicara el absurdo,

como si hubiera algo más que entender,

como si de verdad hubiera dios que escuchara.

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