Contra el feminicidio en Colima
Avelino Gómez
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Hay una cosa que parece, en dos ocasiones, que estás viendo de frente y luego como que le desvías la mirada: la violencia de género se recrudece en medio de la violencia social, pero lleva mucho más tiempo existiendo y tiene orígenes distintos. Es decir: la mayoría de desapariciones forzadas, ataques de sicarios, ataques de narcos, de policías, del ejército, no tienen nada que ver con el esposo asesinando a su esposa, y a veces también a los hijos, nomás por que le parece que así se resuelve “el problema” (celos, pobreza, desamor, repudio, etc.), o con el hombre despechado que asesina a la mujer que no le corresponde a sus “atenciones” en la calle, o con el violador que quiere desaparecer toda evidencia del acto, incluyendo a la víctima. Por eso se hacen necesarias las alertas de género: la sensación general de impunidad abarca los actos violentos entre “civiles” y pareciera que otorga permisos especiales para quienes no están involucrados en grupos delictivos, y entonces los hijos adictos que asesinan a las madres cuando les niegan dinero, los maridos justicieros que se vengan de una infidelidad, ven sus acciones normalizadas en medio del mosaico de miles de actos sangrientos, cada uno más espeluznante que el anterior. Tienes toda la razón en que “la gran cantidad de asesinatos en Colima va más allá del género y la edad, y muy raras veces se detiene a los culpables” (y yo me extendería a todo el país), pero la violencia de género, y especialmente el feminicidio, tiene causas muy concretas que se relacionan directamente con la sensación de poder y control del victimario sobre su víctima, a diferencia de la violencia que tiene como objetivo ajustar cuentas con los rivales (reales o percibidos) en los negocios sucios.

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