El cadejo negro, y como negro también el malo.

Origen, renovación y re adecuación cultural de las leyendas

Julio Martínez

Las leyendas forman parte de la oralitura salvadoreña, centroamericana, mesoamericana, esa narración de un hecho generalmente mítico pero basado en algún hecho real, casi siempre vinculado a lo sobrenatural y también relacionado con el temor. Muchas leyendas se repiten o tienen sus equivalentes en un país y otro; en una región y otra; Luis Melgar ha logrado un bonito trabajo recogiendo historias tomadas de la memoria de la gente y las han perpetuado en un librito llamado así, “Oralitura”. (Melgar, 2007)

Tal vez por el hecho de que existen elementos de la realidad en la leyenda es que a veces tan creíble y nosotros los humanos pensamos que en verdad hemos tenido un encuentro con alguna de estos seres actores de las historias. Luego las contamos y los demás las creen, especialmente como me ha pasado a mí con mi historia allá en las faldas del Izalco, con la mas famosa de las leyendas salvadoreñas. (Valenzuela, 2011)

Las leyendas se transmiten de generación en generación y se comparten en reuniones de familia, de amigos e incluso reuniones socialmente obligadas como los velorios, son correspondientes con una visión comunal, de una sociedad local y forman parte de una manera de comprender una determinada realidad desde la perspectiva emic de la población (“así lo entendemos nosotros, chis ve y qué”). (Schauffhauser, 2010)

A veces a las leyendas se les ponen “patas”, es decir “anclajes” en la realidad que hacen pensar a quien escucha la leyenda, que en efecto el hecho es real. Casi nunca o tal vez nunca el hecho es real en toda su plenitud, pero hay visos de realidad, o sencillamente se crean para lograr algún efecto en la credibilidad. (Taipe, 2004)

En la leyenda del Justo Juez encontramos eso: “De repente me paré en la esquina la catedral, y vi en medio de la calle que va a Mejicanos un hombre que cada vez se hacía mas chiquito, se miraba más lejos, pero su voz estaba más cerca”. (Martínez, 2011)

Justo Juez de la noche

Un ejercicio: ¿de dónde viene la leyenda de la Sihuanaba? Puede ser que tenga dos orígenes, el primero que es el resultado de un temor de una persona que tal vez escuchó en un río el chapoteo de un animal o peces e imaginó a una mujer lavando en la medianoche. El segundo quizá sea un invento de alguna esposa cansada de que su esposo se iba en las noches a jugar o a visitar a alguna otra fémina y para que le diera miedo pues, inventó la leyenda de la dichosa sihua. (Martos, 2007)

Las leyendas también tienen contextos culturales, sitios, lugares, personas, grupos sociales, entornos naturales determinados : “el cipitío se sube a las ramas del palo de amate para lanzar ceniza a las muchachas bonitas que pasan por ahí” (Martínez, 2011), lo que le da un vínculo con la realidad contextual, pero que además logra que las bichas no salgan solas tan tarde.

Cipitío

Tienen elementos sobrenaturales como los fantasmas, los milagros, los espantos, los santos, los muertos y otros. Estos cuentos o historias en donde se encuentran las leyendas son susceptibles de modificarse a través del tiempo o como efecto de lo exagerado que puede ser el transmisor de la oralidad, dando como resultado en ocasiones una nueva leyenda.

Pareciera también que las leyendas se van “actualizando” también, así nos encontramos con esta Sihuanaba que en tanto lo urbano se ha ido apropiando de lo rural esto último es casi inexistente, así parece surgir “la descarnada”, esa mujer que se encuentra en las noches a la orilla de las carreteras esperando el “ride” de algún tunante que busque aprovechar la soledad de las carreteras para saborear los almíbares de su “levante”, la que desde luego, termina quitándose los pedazos de carne para quedar “descarnada” en los puros huesos. Esta leyenda no tiene más de treinta o treinta y cinco años.

La descarnada

En el campo, había antes la leyenda (¿leyenda?) del personaje que se transformaba en tunca y que robaba en las casas de sus vecinos por las noches, hasta que un desalmado le da dos machetazos en el cachete, la tunca huye y al día siguiente el personaje ya vuelto a convertirse en humano es visto con los machetazos en su mejilla. En este caso, la leyenda también presenta la lección moral de que el “crimen no paga”.

Otras veces, la leyenda se vincula con valores como la valentía, el coraje y sirve para alimentar ese sentimiento como pasa en la historia de la serpiente zumbadora: “ Esta persona me contó que para sacar a la culebra se le retiraba una piedra que tenía en un agujero, que servía como tapón para que esta no se escapara y esta al no más salía de la cueva enterraba la cabeza en la tierra y empezaba como si fuera un látigo, esta tiraba latigazos a todos los que estaban alrededor de ella, hasta que se cansaba ella y uno terminaba latigado, entonces vomitaba una piedra que uno debía recoger y guardar en un pañuelito blanco y llevarla siempre, después de eso nunca se perdía un duelo, con quien fuera” (Martínez, 2011)

Algunas leyendas abordan al tema de como las mujeres son perseguidas por los seres legendarios, así lo vemos en la leyenda del duende “Lo que al duende no le gusta es que ningún hombre se le acerque a la mujer que el anda pretendiendo. Es celoso y lo que él trata de hacer es de molestarlo, para que se aleje de su enamorada, las abuelas dicen que para alejar al duende las muchachas deben divertirse con los muchachos, también que no se bañen, que no se arreglen y cuando eso pasa el duende se pone a llorar y se aleja de ellas” (Martínez, 2011). El cipitío es también uno que anda detrás de las cipotas, las bonitas, les lanza ceniza.

Otras leyendas hacen mezcla de lugares y elementos culturales, como en Chasca, la virgen del agua: “ Según la tradición oral en la barra de Santiago vivió un ricachón muy cruel tal hombre llamado Pachacutec el cual tenía una hija a la que había comprometido con el príncipe Zutuhil que pertenecía a una tribu local, se dice que ella era una joven muy linda y se llamaba Chasca” (Martínez, 2011) En esta leyenda encontramos a Pachacutec, el noveno jefe inca, en una leyenda salvadoreña (¿0 no?). También aparece Zutuhil, un principe que tiene el mismo nombre que una de las tribus cercanas a Atitlán, Guatemala.

Las leyendas se van alimentando de la historia real, de hechos concretos, de espacios o lugares visibles, y establecen una verdad a medias o inventada para causar temor o asombro.

Como en Levi Strauss, la dualidad también se presenta en las leyendas, así encontramos al cadejo, el negro y el blanco; el malo y el bueno; la oscuridad y la luz: “Ahi te vi hijo, que venías bien acompañado de un gran perrón blanco, bien te cuidaba el cadejo”. (Levi Strauss, 1962)

Cadejo blanco, cadejo negro: la dualidad

Hay intención creada en las leyendas, si como hemos apuntado, la sihuanaba la crea una esposa para que al esposo le de temor salir de noche, también el ratón Pérez que deja dinero en la noche a cambio de los dientes de los niños se elabora para eliminar el dolor de quitarse un diente o verse “cholco”.

La leyenda debe tener también sorpresas, forman parte de la generación del susto repentino, como en la leyenda chalchuapaneca del Tizón “ Jacinta dió la vuelta y a pesar del calor sintió un “calosfrío”, como ella decía cada vez que le daba un temblorcito en la columna vertebral. ¿Que me pasa? se dijo. Agarró un tizón y regresó a la ventana donde había dejado a las dos mujeres. Sorpresa, ya no había dos sino que una, cuya mirada era tapada por la sombra que le daba el cántaro”.

Lo invito también a leer uno de los pocos textos salvadoreños que recogen las leyendas del país, aquí.

Referencias

Levi Strauss, C. El Pensamiento Salvaje, FCE, México, 1962

Martínez, J. Guanacos somos: legendaria salvadoreña, inédito 2011

Melgar Brizuela, L. Oralitura de El Salvador, UES, 2007

Martos Núñez, E. Cuentos y leyendas tradicionales, Universidad de Castilla La Mancha, Cuenca, 2007

Schaffhauser, P. Reseña “dicotomía emic-etic, historia de una confusión, estudios de historia y sociedad, volumen xxxi, El colegio de Michoacán, Zamora, 2010

Taipe Campos, N. Los mitos. Consensos, aproximaciones y distanciamientos teóricos, Gazeta de Antropología, Perú, 2004

Valenzuela Valdivieso, E. La leyenda: un recurso para el estudio y la enseñanza de la Geografía, en Esc,. de educacion primaria, Universidad Simón Bolívar, Colombia, 2011