Mal timing

Por donde comenzar sino por el baño. Una escala antes de ir a comer. Estoy en Polanco, a media calle de Mazaryk. Así de popof la editorial donde ocupo mi tiempo libre. Impávidos todos los que salieron antes a comer, por no decir que estaban cagados de miedo, me los encuentro justo en la puerta. Vieron algo que yo no. Llegué tarde a la escena. La impuntualidad me persigue, carajo.

Sucedió así: un carro blanco se echa pa’ delante. Putamadre mi carro, dice uno de la editorial, putamadre así todo pegado. El mismo carro blanco se echa ahora pa’trás. Llanta quemada y a la fuga. Dobló a la derecha en la esquina con Mazaryk y en seguida dos policias en motocicletas lo persiguen.

¿Cómo se llamó la obra? Les digo que mal timing el mío y hasta este punto, como ustedes, no sabía que pedo.

¿Qué pedo? Les pregunto. Nadie responde. Siguen mudos. Ah chingado díganme que pasó, pienso. Un valiente que intenta saciar mi curiosidad —Pues unas motos que llegan, luego ese carro, luego más motos… — Putamadre casi le pega a mi carro, vieron que casi le… ¡putamadre! Interrumpe el más asustado de todos. Bueeeeeeno, provecho. Me retiro discretamente, decepcionado de tan poca información.

Fue un asalto. El carro blanco se estaciona justo frente a la editorial; lo perseguía una motocicleta con dos masculinos, uno joven y el otro no tanto. Quitaron las llaves del carro, las avientan y despojan al conductor y el pasajero de sus bienes de lujo, o sea celular de la manzanita, el más nuevo, el grandote, el que vale como diez o doce lanas y sus carteras. ¿Venían armados? No mames, Miguel. Sino ¿cómo crees que aflojaron? Oh chingado, como amedrentan mi curiosidad. Por eso estaban cagados de miedo. Mal reaccionan. Ay sí, ¿qué hubieras hecho tú? Pues me echo al suelo y no me quedo viendo nomás porque sí. Pero ¿te hubiera dado miedo? Qué dices, soy de Torreón. ¿Qué digo? Torreón es mío. ¡Que chingados! Miren la hora, debo regresar a escribir sobre destinos turísticos.

Pero antes, Goethe:

Si me preguntas cómo son las personas de este país, diré que iguales a todas. ¡El género humano es una cosa tan monótona! Casi todos trabajan la mayor parte del tiempo para vivir y su poco tiempo libre les pesa de tal modo, que buscan con ahínco el medio de usarlo en algo. ¡Oh, destino del hombre!

¿Algo que ver con lo que acabo de escribir? Quizá no. Es que no traigo separador y odio doblar las hojitas. Este es el referente de la página donde me quedé en el libro que hoy comencé de ese autor alemán.

Goethe, tan lejos de Polanco y sus persecuciones.

Nadie ha preguntado hasta ahorita si los conductores están bien pero desde hace diez minutos, siguen hablando de lo frustrante que ha de ser que te quiten tu celular nuevo.

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