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No juzgues un libro por su tapa

Miguel Goyeneche
Sep 2, 2018 · 3 min read

Hace unos días tuve la suerte de viajar por varios países de Escandinavia, entre ellos Dinamarca, Suecia y Noruega. Aparte de los increíbles paisajes, la particularidad de sus habitantes y las bellísimas ciudades capitales, me llevé algo bastante interesante de las tierras nórdicas. Algo que no entra ni en una foto ni en un video. Algo que queda grabado en la cabeza de cualquier persona atenta que vive situaciones similares.

Lo voy a decir crudo: en Escandinavia no tienen prejuicios. Puede que esté generalizando, obviamente, pero allá arriba la gente piensa y vive distinto. Y no me vengan con que allá todo esta bien entonces pueden darse el lujo de no prejuzgar. Nada de eso. El problema está tan afianzado para mal en nuestra cultura (y para bien en la de ellos) que asusta. Uno de los mejores ejemplos lo vi en una playa en Suecia. Muchos grupos de amigos disfrutando de las eternas horas de sol del verano reunidos en una playa del Báltico. Uno (yo, por lo menos) está acostumbrado a ver que la mayoría de las personas con físicos distintos a lo “normal” en una situación de playa o pileta se queden con la remera puesta, se aten un pareo a la cintura o se cubran de alguna manera, todo por el miedo a las miradas inquisidoras o incluso a algún comentario de mal gusto: “Che te echaste unos kilitos, eh”.

En esta playa, todos estos grupos de gente tenían miembros que cualquiera consideraría poseedores de cuerpos “diferentes”. Pero, a diferencia de lo que suele pasar en Argentina, allá nadie se avergonzaba. Nadie se dejaba la remera puesta, nadie se tapaba con un pareo, una toalla o un traje de neoprene. ¿Y esto por qué? Porque no existe el temor a ser juzgado como diferente. No existe el apodo “gordo/a”. No se define a la gente por su físico. No se define a la gente por nada, hasta que se la conoce. El prejuicio social no está instalado, y se puede ver cómo la gente vive más fácil y feliz gracias a ello.

Este es uno de los tantos ejemplos de situaciones que viví. En las calles de estas ciudades cualquiera va vestido como quiere y no recibe ni miradas, ni murmullos, ni comentarios ofensivos. Cada uno se viste como quiere sin temor a nada. Y eso es impactante. Es verdad, eso está cambiando para bien en nuestra sociedad, pero sólo lo puedo ver reflejado en algunas partes de nuestra Ciudad Autónoma.

Prejuicio: del latín praeiudicium ‘juicio previo’, ‘decisión prematura’. Opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal.

¿Quién nos puso en un lugar superior al del otro para prejuzgarlo porque se puso una remera de Barney el Dinosaurio? O no para prejuzgarlo, pero para reírnos de él o hacer comentarios al respecto. La respuesta los sorprenderá: Nadie. No somos nadie para juzgar a los otros, tanto por cómo se visten o por el físico que tienen. Nuestra sociedad está tan podrida que nos exige constantemente ser los mejores en todo, parecernos a los modelos publicitarios y usar la ropa que usan los famosos. Cuando una persona no cumple con estos requisitos sociales, es prejuzgada de forma fatal tanto por desconocidos como por conocidos. ¿La peor parte? Tan incorporadas tenemos estas exigencias que nos sentimos mal y nos deprimimos cuando no las cumplimos. ¿Desde cuándo nos tenemos que sentir mal por no tener abdominales? ¿O por no tener ese culo o esas tetas? “Che ridículo, ¿qué te pusiste?” Ridículo sos vos, que comprás ropa pensando en qué tan bien va a quedar ese outfit en tu próxima foto de Instagram.

Está en cada uno cambiar estas actitudes. Empezar a elegir la ropa que queremos usar de forma auténtica, no pensando en qué nos van a decir. En el verano, mostrarse como cada uno es. Y si alguien mira mal, que mire mal, esa persona se lo pierde. Que nadie nos quite el derecho de ser quien queremos ser.

La vida es demasiado corta y está llena de oportunidades para que la malgastemos prejuzgando al resto y reprimiéndonos a nosotros mismos por miedo a lo que piensen los demás. Seamos como queremos ser, y dejemos al resto ser como quiere ser.

Miguel Goyeneche

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Periodista en (constante) formación. Me gustan tantas cosas que terminan por gustarme pocas. USAL. A veces escribo en mikkeg.wordpress.com

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