Los terribles tiburones

Admirados y temidos, hoy están en peligro de desaparecer

Recuerdo bien la primera vez que vi a un tiburón debajo del mar. Estaba en la isla Gorgona, en mi viaje de certificación como buzo avanzado, y mientras dábamos una vuelta de profundidades, admirando las maravillas que el Pacífico tiene en su interior, noté como mi instructor nadaba más y más rápido y recordé entonces la advertencia que nos había hecho y su amor por estos animales y decidí alcanzarlo a toda velocidad junto a mi compañera.

Fue un carrerón fantástico en el que finalmente llegamos a un arenal donde yacía un pequeño tiburón esperándonos. Era delgado, con la piel grisácea y lisa, así como ojos atentos. No parecía peligroso, sino digno de toda nuestra admiración. El instructor abrió sus manos para indicarnos que no nos acercáramos más, que disfrutáramos de esos dos metros de distancia para contemplarlo.

No parecía peligroso, sino digno de toda nuestra admiración.

Después de eso, no volví a ver tiburones hasta tres años más tarde, cuando en una inmersión en la isla Providencia, en el caribe colombiano, nos adentramos en el sitio «Convento», famoso por sus tiburones curiosos que no tardaron mucho en alcanzarnos.

Eran cuatro hermosas criaturas, más robustas que el del Pacífico, quienes jugueteaban con el instructor y se acercaban bastante para mirarnos con cautela. El que me seguía más de cerca tenía los restos de un crustáceo entre los dientes y aunque al principio me intimidaba, al final me gustaba tanto como para tomarme algunas fotografías con él.

La admiración que siento por estos animales es inmensa y por eso las noticias de que son cazados para hacer sopas afrodisíacas, me llenan de tristeza. Es absurdo que un animal que se encarga de mantener en equilibrio los corales, que no tiene ningún valor nutricional real y que solo mata a diez personas al año en promedio, sea exterminado en una proporción de decenas de millones.

Menos mal existen personas dispuestas a poner un alto, personas como el fotógrafo Von Wong que con su proyecto «Shark Shepherd» busca crear conciencia sobre esta irracional y destructiva conducta que termina por afectarnos a todos.

Si seguimos tratando a los océanos como una nevera cuyas reservas no terminan, al final tendremos un planeta en el que será imposible vivir. Es momento de tomar acciones: hablar del problema, defenderlos, tomar y solo entonces dejaremos de tratarlos como si fueran terribles monstruos.

Estas son algunas de las fotografías de Shark Shepherd:

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