Cómo el alcohol (a veces) puede ser la solución.

Soy Miguel y soy artista…bueno, actor…va, hago teatro. No, no he salido en novelas, ni me la paso actuando en cosas de Hollywood (es más, nunca he ido a Hollywood); pero me gusta, no, me apasiona. Comencé a “hacer teatro” en prepa, después, en carrera me enamoré de estar en el escenario, de contar historias, de hacer vivir palabras que fueron escritas hace tanto tiempo y/o en lugares muy lejanos.

Conforme ha pasado el tiempo y he explorado más este estilo de arte, más respeto me ha generado, he tenido la oportunidad de hacer tele, cine y teatro, pero nunca me he enfocado en hacer cantidad. Aún me dan nervios salir a escena, cada vez, como si estuviera a punto de aventarme al vacío (o una analogía menos cliché). Bueno, lo que quiero escribir es que siento que cada vez me critico más, tengo estándares más altos de lo que creo una buena obra, o un buen texto, o una buena actuación debería de ser. Y esto incluso me ha llevado al punto de bloquearme, de decir “¿quién soy yo para atreverme a escribir algo que valga la pena? Yo no soy escritor, lo mío es la actuación, ¿a qué le estoy tirando?”

Foto de Lore Reynoso

Aquí es donde el título de este artículo toma sentido. Este año ha comenzando con la oportunidad de empezar una compañía teatral; y que a pesar de haber iniciado con los mismos temores que comento en el párrafo anterior, tres botellas de vino después salió nuestro primer texto. Y para el estado en el que nos encontrábamos, no hubo tantos errores gramaticales.

No estoy diciendo que el alcohol debe de estar atado al proceso creativo, simplemente que para mí, en esta ocasión funcionó y más, dejándome una buena lección: No lo pienses mucho, sí, respeta el teatro, al público, a tus compañeros artistas; pero esto no quiere decir que no debas arriesgarte. Todos los grandes escritores, no lo eran al principio. Si quieres escribir, escribe y escribe y escribe…