No me lo Empuje ... ¡Gracias!

Soy como cualquier “bogotano” viviendo del smok, de los gritos, las sonrisas, las alegrías y los madrazos en las diferentes calles de la ciudad. Donde la evolución en el transporte “público” es tan lenta como un caracol que sale de su caparazón para meterse en un envase de gaseosa, eso es Transmilenio en Bogotá, solo un envase de gaseosa que trata de calmar la sed de respeto y transporte digno para visitantes y residentes.


En los últimos años y después de la quema del tranvía, la desaparición de los trolleys y la imposición de Transmilenio en la ciudad, Bogotá y me atrevería a decir que en otras ciudades de Colombia, han adoptado mañas costumbres que cada día toman más fuerza en el transporte público de algunas ciudades. No sé de dónde salió, cómo se engendró o cómo para algunos es motivo de gracia, me estoy refiriendo a los empujones para ingresar o huir de un articulado, desarticulado. Por eso y después de tener la oportunidad de vivir como capitalino y en empuje propio, decidí buscar una respuesta puede que obvia y con tintes antropológicos una respuesta puede que lógica.

Bogotá es la ciudad del toque toque y las maratones hacia el transporte público, Bogotá se ha vuelto la capital del empuje, de la soberbia, del oportunismo y del optimismo, de los edificios medio altos, medio bajos, medio feos, medio ruines, medio meados miccionados. Es la ciudad de las calles frías, húmedas, y rayada por neumáticos, es la ciudad de todos y de nadie, es la ciudad donde sus habitantes carecen de afecto tal vez por su historia cultural, ese afecto silencioso y cannibal que no brindan, un afecto que desde el hogar es secuestrado y van a la calle, a las filas de bancos, a establecimientos de comida y paradas de buses a buscarlo. Es como si se programarán desde la casa, para cuando salgan de ella estén lo más cerca que puedan a otras personas, al punto lograr identificar el aroma como lo hacía Jean-Baptiste en el perfume. No importa el lugar o situación donde estén la personas, pueden estar haciendo fila para reclamar el periódico, en la fila de algún banco, en la caja del supermercado, o esperando el articulado, ésta cercanía invade el aura de respeto, pues no distingue culto, edad, tamaño, condición ni género, se empuja a todos por igual, no importa la hora, el día, el clima o si la persona camina a la velocidad de la justicia en el país. Si es un uniformado policía o funcionario gobierno, personas que en su piel reflejan el paso del tiempo, si son bonitas o no tan bonitas a todos se lo empujan por igual con el único propósito, buscar un poco de afecto disruptivo y desconocido, un afecto silencioso y mal intencionado, un afecto que está acompañado de un… < Oiga hp no empuje > o uno más tranquilo < no empuje, que yo puedo entrar solita >, pero hay otras que disfrutan el contacto físicontorsionista, pues ingresan con una enorme carcajada — creo que lo disfrutan -, sin embargo en el interior y eliminado el júbilo por la sacudida y esbozan un enorme < putazo >- “#$%&()$%#!!!

Foto: MiguelurrutiaB

Entiendo que hay personas que no son “monedita de oro” para caerle bien a todo el mundo pero, ¿¡Por qué empujan!? Entiendo que se levantaron tarde porque no sonó el despertador o decidieron dormir 5 minutos más, o que les tocó bañarse con agua fría, porque no desayunaron, pero, por qué empujar en TM. Esos empujones se vuelven una ola incontrolable como los zombies en Guerra Mundial Z. Los empujones afectan a los menos afortunados, los primeros de la “fila” que son implosionados al bus, algunos con una sonrisa nervioso queriendo insultar a las personas que están detrás, pero ellas también fueron víctimas de la oleada zombie, y queriendo decir a viva voz < No me lo empuje, gracias!!! Yo puedo entrar y salir solo o sola, necesito de su amable empuje >, pareciera que los asientos tuvieran billetes para gastar o bonos Sodexo para mercados.

Si son observadores pasivos o activos se darán cuenta de las caras que hacen, de las carcajadas que emiten las personas jóvenes de colegio o universidad, pero después al pasar el efecto de “ No me lo empuje, gracias!!! Reaccionan, sienten que es un acto reprochable y hasta insultante y después de algunos segundos auscultan sus bolsillos por si les falta algo. Ésta manía de empujar no termina en el transporte público, ha mutado y va tomando fuerza como virus en busca de huésped. Éste modo grosero de proceder se manifiesta en lugares que no creemos que pueda pasar, como en la fila del cine, en los supermercados, en las cajas de los bancos y hasta para calentar el almuerzo.

Se ha fomentado la cultura del empuje se ha camuflado como la reforma tributaria o leyes que no sirven para nada. Creo que me extendí más de lo que debía, así que les pido el favor si algún día leen este esbozo de escrito, que por favor recapaciten que las personas se molestan y que no es necesario empujar, así qué “¡¡¡No me lo empuje, gracias!!!”