Darth Plagueis

Aunque ya es un cliché hablar de Star Wars, no puedo dejar de hacerlo. Desde que fui niño la mitología de George Lucas me conmovió; las historias de caballeros espaciales y vaqueros galácticos montados en astronaves que desafiaban las leyes de la física se ganaron mi corazón desde la primera vez que mis tíos me mostraron las películas en algún VHS o Betamax.

En especial fueron los Jedi con sus habilidades increíbles: la esgrima con sables de luz, la telequinesis, la persuasión y la telepatía, los que me convirtieron en un warsie a edad temprana.

Cuando inició la saga de precuelas, a finales de los 90, Lucas nos obsequió un nuevo y asombroso elemento que agrandó la narrativa de su universo y abrió la puerta a un nuevo grupo de místicos: los Sith.

Darth Vader pasó de ser un nombre propio ordinario a uno compuesto de un título, Darth, y un moniker. Se ha especulado que Vader es una contracción de invader, que embona con el carácter de enforcer de la mano derecha del Emperador. También se ha hablado sobre declaraciones del mismo Lucas en las que el cineasta afirma que Darth es una fusión de dark y Sith y que Vader es neerlandés para “padre”.

A partir de ello se han generado hipótesis sin confirmar sobre otros nombres Sith: Darth Maul, el azote; Darth Tyranus, el tirano; y Darth Sidious, el insidioso o el asechador.

En el Episodio III escuchamos sobre el maestro del maestro, Darth Plagueis, el Sabio, cuya naturaleza arcana adivinamos de inmediato. Plagueis (“plaga”, como supone todo el mundo) poseía la habilidad nunca antes explorada de detener la muerte, de influenciar en los midiclorianos, esos microorganismos que habitan en las células de todos los seres vivos de la Galaxia y que los detractores de las precuelas quisieran borrar de la memoria –y del canon–.

En 2012 la editorial americana Del Rey publicó Star Wars: Darth Plagueis, una novela de James Luceno, autor de al menos otras 10 obras de Star Wars, incluidas Dark Lord: The Rise of Darth Vader y la más reciente, Tarkin.

En Darth Plagueis nos ponemos tras la mirada del maestro de Sidious, el muun (la especie conocida por manejar el Clan Bancario Intergaláctico) conocido públicamente como el magnate de los negocios Hego Damask II, otrora discípulo del también Señor Oscuro de los Sith, Darth Tenebrous.

Plagueis, un genio en toda regla, lleva una vida de privilegios en el caótico y muchas veces peligroso mundo de las finanzas intergalácticas, forjando alianzas y deshaciéndose de amenazas mientras se encamina a completar el Gran Plan de la Orden de los Sith: la erradicación de los Jedi y la destrucción de la República, que si no puede destruirse, ha de ser dominada.

El prólogo nos ubica en la noche del ascenso de Sheev Palpatine (Darth Sidious) al poder como Canciller Supremo de la República, cuando el exaprendiz de Plagueis, en un despliegue de las habilidades esotéricas de los Sith, ensancha su consciencia para vislumbrar el pasado con la intención de conocer la historia de su mentor en el Lado Oscuro de la Fuerza.

Desde ese momento nos embarcamos en el viaje que Plagueis emprendió desde el día en que asumió el manto de Señor Oscuro tras la muerte de su maestro –un accidente, claro está–. Los viajes de Plagueis lo llevan, tiempo después, en busca de un aprendiz, por lo que entra en contacto con seres de grandes habilidades en la Fuerza, aunque sin pulir. Al encontrarse con personajes faltos de propósito y visión, algo que Hego Damask no tolera, decide pasar de ellos.

Luceno dota a su personaje de un carácter férreo, un sentido pragmático de las cosas y habilidades impresionantes con la Fuerza, aún para los estándares de la narrativa de Lucas; Plagueis es dueño de una voluntad que es ley y un poderío que se extiende más allá de los dominios de la economía, hacia la mente y las pasiones de los otros. Un ser que infunde respeto y terror, que es conocido por toda la Galaxia en su faceta de banquero y por sólo unos cuantos en su carácter de Señor Oscuro de los Sith. Darth Plagueis es, para James Luceno, un ser al que por momentos se percibe como omnipotente.

El autor explora a detalle la relación entre maestro y aprendiz en Darth Plagueis, presentando etapas y momentos culminantes de la relación entre Damask y Palpatine, donde sobresalen la inducción del aprendiz al Lado Oscuro y la venganza que el Sith cobra contra un grupo de contrincantes más allá de la mitad del libro. Aunque el uso de las emociones es una herramienta básica en la filosofía y la práctica Sith, vemos a los amos del Lado Oscuro en acción en contadas ocasiones, desatando su furia con maestría en contra de sus enemigos.

Es mediante la conspiración y manipulación que los Sith modernos (hablando de la línea de tiempo de la saga) ejercen su dominio desde las sombras, algo que Luceno presenta con elegancia y efectividad. El Plagueis de Luceno es un estratagema maquiavélico que afianza el apoyo de corporaciones tecnocráticas, políticos y cabezas de organizaciones criminales, como los hutts.

Mediante una meditación profunda los Sith repelen la influencia de la voluntad detrás de la Fuerza en equilibrio para rendirla a sus designios y ésta contraataca. Aunque repleta de momentos cumbre, como este, que añaden muy bien al legendario, la novela quedó fuera del canon por presentar incongruencias, como la coexistencia de Plagueis y Maul y que el primero viviera más allá del conflicto en Naboo, que se desarrolló en el Episodio I, donde conocimos de boca de Yoda el precepto de la Regla de Dos, que limita el número permitido de agentes Sith en activo en cualquier momento. Las licencias literarias son una cuchilla que corta hacia ambos lados.

Darth Plagueis se mantiene como mi obra favorita de ficción de los últimos años, mi libro preferido de Star Wars y uno de los favoritos de algunos de mis conocidos y amigos warsies. Ojalá que más gente se anime a leerla. Yo lo hago una vez más.

Mucho power.