I’m a mess

Y aquí estoy otro día, delante de un ordenador, con la cabeza tan revuelta como mi cuarto y la pantalla tan blanca que hace daño a los ojos. Aquí estoy sin saber qué escribir, qué decir. Sin saber qué hacer cuando tropiezas y todo vuelve a ponerse arriba. Y es que no se me dan demasiado bien los días grises. No se me da bien limpiar el barro de las botas. Tampoco se me da bien levantar la voz. No sé gritar, ni dar un puñetazo en la mesa. Siempre acabo haciéndome daño. Además, nunca he pensado que algo así hiciese falta. Nunca he creído que se escuche más al que más chilla, sino al que más claro habla. Al que más motivos te da para creer. Al que cree en lo que te dice. Al que calla y espera, piensa, busca el momento… Y yo soy muy de silencios, de no hablar hasta estar seguro. Soy de verdades; de esas que faltan hoy en día. De miradas más que de palabras, qué ironía. Pero es así. Soy de ir, de venir y de volver a ir. De vaciarme, de cansarme por lo que merece la pena. De dar todo lo que llevo dentro por conseguir una sonrisa más. Una carcajada más. Porque no hay nada mejor que reír cuando todo va mal. No hay nada como demostrar que todos se equivocan, que no podrán contigo, que mandas tú. No hay nada como saber qué es lo importante. Saber quiénes son aquellos que, escondidos entre tantos y tantos nombres en una larga lista de contactos de tu móvil, serían capaces de coger el teléfono en plena madrugada. Y por quiénes estarías dispuesto a hacerlo tú. Por quién serías capaz de dejarlo todo, salir a buscar, encontrar, y simplemente, estar. Y aunque hoy te cueste creerlo entre ellos estás tú. Sólo tienes que mirar atrás. Que sí, que seguramente sí, soy un desastre, pero no puedo ser de otra manera. Nunca he aprendido a no cometer errores. Es más, seguro que gracias a ellos hoy estoy aquí. Nunca me han enseñado como querer, lo he aprendido yo solo. A base de hostias. Que seguro que me seguiré dando, porque así lo elegiré, que no quepa duda. Porque si dicen que la resaca se pasa bebiendo más, ¿por qué no se va a pasar el dolor, haciéndote más daño? Que prefiero tropezar a cada paso que no soltar nunca la barandilla por miedo a caer. Prefiero pasar noches en vela por ti, que dormir trece horas del tirón. Bueno, no lo prefiero, lo elijo. Porque eso importa más. Porque soy de los que prefiere un “te necesito” a un “te quiero”. Y hasta aquí he llegado. Con cuatro frases cortas. Mal escritas. Una detrás de otra. Sin un párrafo que separe ideas, porque no las tengo. Sin un orden lógico, porque en mi cabeza no lo hay. Y sí, lo sé, no son más que palabras. Pero escucha, son de verdad. Y eso es lo único que puedo sacar en claro de este desastre. De mi desastre particular.

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