El hielo

Entonces se dirigió al cuarto contiguo sabiendo que ambos estarían ahí. Fue ensayando un breve discurso con una ya conocida dramatización. Entró y solo estaba ella. “Habrá salido” pensó. Así que comenzó. Planteó como primer punto la frecuencia del hecho, probablemente no debería haber empezado así, y luego dio detalles de está última vez. Trató y trató, pero sus argumentos no alcanzaron.

Decepcionada, convencida de la injusticia a la que fue sometida, Sofía fue a la cocina. No presentó objeciones antes de retirarse porque ya presentía que iba a ser ninguneada y armó un plan secundario. Abrió la heladera y buscó un poco desesperanzada y en total silencio.

Sabía que sus padres no la iban a escuchar, la respuesta, mejor dicho excusa, para evitar la reprimenda siempre abordaba puntos como la responsabilidad y el ejemplo de los hermanos mayores. Pero esta vez no le alcanzaba. No quería saber nada con eso. Quería venganza.

La vio sentada en la computadora. Lucía como siempre estaba encerrada dentro de su burbuja musical, así que no tenía que preocuparse demasiado por llamar la atención. Se acercó lentamente por detrás para que no la ve. Realizó su deseo, su venganza. Antes de que su hermana menor se diera cuenta, salió corriendo, feliz, orgullosa de lograr su cometido.