Volverán…la vergüenza tiene mala memoria

Quiero pedirle prestada esta frase al gran Gabriel García Márquez de su obra ¨la Mala hora¨ porque resume lo que hemos vivido aquellos que tenemos la dicha de estar en Argentina, estos últimos 4 años. Pasaron 1500 días para que River volviera a la gloria y todo el mundo se olvidara del hecho más lamentable que sufrió la institución en su historia. Y como el mismo autor titulaba alguna vez una de sus más grandes obras, Cien años Soledad, esa era la sensación que había en el ambiente en el 2011 en el Monumental. Parecía que esta novela de Gabriel García Márquez iba a acompañar a los hinchas, jugadores y dirigentes de River porque descendieron a la B. Habían vulnerado el honor de la institución. Eso era el sentimiento de todo el que paseaba por Nuñez, de los rivales que cargaban a sus “enemigos” que no los volverían a ver por un buen tiempo y de un país que solo hablaba de eso.

Desde que vivo en Argentina, me he encontrado con una cultura que vive el fútbol de una manera muy especial. Las rivalidades y los clásicos (que son muchísimos) tienen un condimento especial cada jornada. El clásico de Rosario, el de Avellaneda, el de la Plata…pero no hay ninguno del que se haga tanto show al respecto, como el de Boca-River. Y suele venir de la mano el éxito y fracaso de ellos. Pareciera que la desgracia del rival satisface más que los éxitos propios…son maneras que alguien como yo que nunca ha sido hincha de ningún equipo, quizás no pueda percibir y que tendemos a percibirlo como exagerado al tratarse de un juego, pero repito, eso es lo que hace a este país tan especial.

Me quiero detener en esa noche amarga de junio. Me acuerdo con exactitud ese día que jugaron la promoción en el Monumental; en la ida, ´terroristas´ enmascarados amenazando a los jugadores, Belgrano le ganó 2–0 y tenían que darle vuelta con ausencias, en Buenos Aires. Había una tensión tremenda porque algo histórico iba a ocurrir…y ocurrió. Fueron días y semanas de duelo, y una vez superado, era momento de rescatar al equipo de las penumbras, nuevo entrenador y el regreso de alguien que nació en el club y que era un ídolo, Fernando Cavenagui y el Chori Dominguez para ayudar al club a volver a primera. Se logró en el primer año. Cambió la dirigencia, y con ella el saneamiento del club, al menos, desde mi punto de vista. No dudan en traer a un ex ídolo, sin mucha experiencia dirigiendo pero con todas las ganas de aportar, y que sustituiría a quien el público había añorado tanto tiempo atrás; el experimento de Marcelo Gallardo rápidamente traería frutos y hacía olvidar el impas con Ramón Díaz. Eliminaban a Boca en semifinales de la Copa Sudamericana, y luego al equipo del profe Osorio para quedarse con un título internacional después de 17 años!.

Llegaría la Libertadores 2015, donde no brilló en la fase de grupos, se le criticaba la forma de jugar y resultados, de hecho, ingresó por la puerta de atrás en las rondas decisivas, y se vuelve a encontrar con su archirrival en octavos de final. Boca había sido el mejor de su grupo, era claramente favorito para eliminar a River. Un escándalo de partido en La Bombonera, el clásico trascendía el terreno de juego, y el equipo de Arruabarrena quedaría suspendido de la competición por no poder controlar la seguridad de su club. Hinchas rociaron con gas pimienta a los jugadores cuando salían del vestuario. Una serie de acontecimientos lamentables.

El resto es historia, después de tres choques con Tigres que terminaron en tablas, uno de ellos en la Ida de la final, bajas importantes para la vuelta en casa, especialmente en la delantera, donde no veríamos a Mora, Viudez ni al propio Gallardo en cancha por haber sido expulsado, mucha tensión y expectativa por la inclusión de ese ídolo que volvió para salvar a su equipo del descenso y que le tocaba ser titular en el momento más importante de su carrera, la lluvia que se hizo presente para darle un tono más dramático al ambiente, y la fiesta bajo la incertidumbre en las gradas del Monumental, que comenzó a ser más distendida cuando se escuchó el primer grito de gol. Finalmente, las lágrimas de los hinchas se mezclaban con la incesante lluvia en ese mismo estadio que lloró la humillación de haberse ido al descenso 4 años atrás; ahora esas lágrimas tienen un diferente tinte: la alegría de ser el más grande de América.