Grulla 12.

Amarse

Hace unas semanas, llevaron Serenata a la mamá de una amiga, en su cumpleaños número 45. Es divorciada, y esa serenata fue de su actual pareja.

Hace unos días, leí que una mujer de mi edad había fallecido. Pensé que pudo haber sido un accidente, y hoy supe la razón: murió a manos de su pareja, de 25 años.

Soy mujer, y muchas personas en mi vida son mujeres. Conozco algunas que tienen relaciones heterosexuales, homosexuales o que son solteras. Conozco mujeres casadas o que viven en unión libre. Conozco mujeres divorciadas que, valientemente, tomaron la mejor decisión de sus vidas.

Desde que estoy en secundaria he platicado de hombres con mis amigas; nuestros primeros enamoramientos eran de “niños” de otros colegios (estuve en colegio de puras niñas) que nos hablaban por teléfono en las tardes y hablábamos de música o de lo que hacíamos en el cole. Cuando estuve en prepa, les enviaba a mis amigas conversaciones grabadas de Messenger para que me dijeran qué decir, cómo y cuándo.

Entré a la Universidad y mis amigas siguieron estando ahí, pero las relaciones de pareja fueron diferentes. Fui consciente, por primera vez, de algo que cambió mi forma de ver las cosas. Si antes mi autoconcepto lo formaba por lo que decía mi familia de mí, o mis maestros y maestras, ahora lo formaba por lo que decían mis parejas (o lo que no decían, en cualquier caso).

Somos seres sociales y esto es algo normal y no creo que sea malo: somos y creemos ser lo que l@s demás dicen de nosotr@s, y por eso es de VITAL importancia rodearnos de personas que nos valoren y, más que cambiarnos, nos inspiren y motiven a mejorar.

Hace días platicaba con un sobrino de su graduación de Secundaria. Meses antes me dijo, preocupado, que no tenía “date”, pero en los últimos días invitó a alguien, y, en sus palabras, “de su mesa, fueron la pareja que mejor se la pasó en la fiesta”: siempre tuvieron tema de conversación, se pasaron todo el tiempo riéndose, y, el gran plus, a diferencia de las demás niñas, ella bailaba.

Por curiosidad y por conocer el punto de vista de una persona de su edad, le pregunté qué creía que era lo más importante en una relación de pareja. Me contestó, sin dudar, que era compartirse todo su ser, pues una vez que una pareja decide estar juntos, deben tener una intimidad sólo entre ambos, y eso va desde el contárselo todo para que se conozcan a la perfección, hasta el compartir su sexualidad.

Me dijo: “tienen que entender que a partir del momento en que deciden ser una pareja, dejan de ser dos individuos para convertirse en un solo ser. Tan simple, ya nadie va a preguntarte ¿cómo estás?, sino ¿cómo están?”

En un principio, su respuesta me dio miedo. ¿Perder mi individualidad?

De pronto mi postura me pareció inmadura y traté de verme un poco más a futuro, ¿no quiero formar una familia un día? , ¿no llegará el momento en que, al tener hijos, se acerquen a acariciarles la cabecita antes de saludarme a mí?, ¿no es algo que quiero, tener una vida en que otra u otras personas formen una parte tan importante de mi, que mi bienestar esté directamente ligado al suyo, y que cuando me pregunten: ¿cómo estás?, yo responda: ¡estamos muy bien!?

Entonces llegué a la conclusión: el miedo no es perder la individualidad, sino verme obligada a compartir mi vida con una persona con la que no quiero estar.

Cuando mi amiga nos contó de la serenata a su mamá, y de lo feliz que la vio, una de ellas comentó: “pues entonces lo tenemos muy obligado: estar con una persona que nos quiera y valore, que nos haga sonreír como viste sonreír a tu mamá a los 50 años, pero desde hoy”.

Tengo casi 25 años y desde hace poco más de 10 platico con mis amigas de hombres. A muchas las he visto lastimadas y también me han lastimado a mí. Algunas siempre han pensado que su felicidad no llegará hasta que tengan una pareja, y otras han sido más felices siendo solteras. Pero el fin último de todas esas conversaciones siempre ha sido el mismo: nadie te lastima más de lo que tú te lastimas a ti misma, y mientras no sepas cuánto vales, otra persona no te lo va a enseñar, menos a demostrar.

Realmente entiendo y comprendo lo doloroso que es terminar una relación cuando lastima, pero también entiendo y comprendo el bienestar que nace de saberte valiosa, de tener sueños propios y de ser feliz; y del maravilloso bienestar que viene después al compartir todo eso.

En ésta Grulla, sólo deseo que ya conozcas cuánto vales o que pronto te enteres. Deseo que, si quieres estar acompañada de alguien, sea de alguien que sea consciente de ello. Y deseo mucho más que si estás con alguien que no lo sabe, encuentres el valor para dejarlo ir, antes de que sea tarde.

Deseo que te lleven serenata, o que la lleves tú. Y más deseo que tengas tema de conversación toda la noche y rías mucho. Deseo que seas la pareja más feliz de la mesa y que te pares a bailar.

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