Crónica Narrativa

La narración es la apuesta y la esperanza del periodismo escrito en un entorno mediático cambiante y marcado por la irrupción de los nuevos medios o dispositivos de y para la producción, recepción y circulación de la información.

Muchos cronistas que sostienen el género en revistas como Rolling Stone, Gatopardo, Etiqueta Negra, Soho, el Malpensante, y otras, en distintos países de Latinoamérica.

La alianza entre la narrativa y el periodismo no es nueva, desde luego. Y tampoco es un vínculo forzado o extravagante: es intrínseco a la profesión.


Tomás Eloy Martínez
El periodismo nació para contar historias, y parte de ese impulso inicial que era su razón de ser y su fundamento se ha perdido ahora. Dar una noticia y contar una historia no son sentencias tan ajenas como podría parecer a primera vista. Por lo contrario, en son dos movimientos de una misma sinfonía.

Eslabones Perdidos

El surgimiento de este tipo de crónicas es de alrededor de 1880, en un contexto en el que, dice Rotker, la prensa europea tendía a editorializar más y que la norteamericana privilegiaba la noticia”. En ese marco, los cronistas apuestan por textos que defienden “el yo del sujeto literario y el derecho a la subjetividad”, textos que sin dejar de aspirar a hablar sobre “lo real” lo hacen utilizando las técnicas de la literatura.

Finalmente, no sólo estos cronistas de fines de siglo XIX aparecen como los antecedentes del “non fiction” estadounidense, sino que casi una década antes de A sangre fría (1966), el argentino Rodolfo Walsh –asesinado por la dictadura militar- irrumpe con Operación Masacre (1957), una profunda investigación periodística con fuerte marca literaria para revelar los fusilamientos clandestinos con los que la autodenominada Revolución Libertadora aplastó la resistencia al derrocamiento de Perón en 1956.

La emergencia del Nuevo Periodismo

Una de las figuras clave del llamado nuevo periodismo en Estados Unidos fue Tom Wolfe. En El Nuevo Periodismo se encargó de retratar desde su propia mirada cómo fue el surgimiento de este movimiento, allá por los ’60, en un clima cultural dominado por la novela como forma artística literaria suprema y en el cual, para este mundo signado por la novela, el periodismo era una forma menor de expresión literaria.

“El caso es que al comenzar los años sesenta –relata Wolfe- un nuevo y curioso concepto, lo bastante vivo como para inflamar los egos, había empezado a invadir los diminutos confines de la esfera profesional del reportaje. Este descubrimiento, modesto al principio, humilde, de hecho respetuoso, podríamos decir, consistiría en hacer posible un periodismo que… se leyera igual que una novela. Igual que una novela, a ver si ustedes me entienden”.

Periodismo y literatura. No-ficción vs ficción

“Un periodista no es un novelista –escribe Tomás Eloy Martínez-, aunque debería tener el mismo talento y la misma gracia para contar de los novelistas mejores. Un buen reportaje tampoco es una rama de la literatura, aunque debería tener la misma intensidad de lenguaje y la misma capacidad de seducción de los grandes textos literarios”
Leila Guerriero
“Si la pregunta es cuál es el límite entre el periodismo y la ficción, la respuesta es simple: no inventar. La potencia de las historias reales reside en el hecho de que son, precisamente, reales: suceden, sucedieron.”

Todo esto, bajo presión

La importancia de lo particular y subjetivo, tiene una característica adicional: debe realizarse bajo la urgencia del trabajo acotado de los medios de comunicación. Para narrar de mejor forma los hechos, hay que tomar:

De la novela, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes.

Del reportaje, los datos inmodificables.

Del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un final que lo justifica.

De la entrevista, los diálogos.

Y del teatro moderno, cómo montarlos.

Según Leila Guerriero, el periodismo narrativo es muchas cosas pero es, ante todo, una mirada -ver, en lo que todos miran, algo que no todos ven– y una certeza: la certeza de creer que no da igual contar la historia de cualquier manera. Es aquel que toma algunos recursos de la ficción -estructuras, climas, tonos, descripciones, diálogos, escenas- para contar una historia real y que, con esos elementos, monta una arquitectura tan atractiva como la de una buena novela o un buen cuento. Podríamos seguir diciendo que a los mejores textos de periodismo narrativo no les sobra un adjetivo, no les falta una coma, no les falla la metáfora, pero que todos los buenos textos de periodismo narrativo son mucho más que un adjetivo, que una coma bien puesta, que una buena metáfora.
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