Gutemberg y los móviles en los conciertos

Ayer fui a ver a LCD Soundsystem en Brooklyn. Muy al principio de la actuación, James Murphy pidió educadamente que no se utilizaran móviles y más tarde llamó la atención a un chico que osó no obedecerle. Murphy argumentó que los teléfonos impedían “vivir el momento”.

No puedo evitar sentir cierta incomodidad cuando oigo este tipo de juicio, y es a menudo. Me parece engañoso, ya que presume que existe una forma única, más pura o auténtica, de vivir la música. Con frecuencia se utiliza también para referirse a las vacaciones, los atardeceres o el arte.

Censurar los teléfonos en los conciertos me parece también limitar e inhibir otras formas de experimentar y compartir la música que de hecho pueden ser mucho más significativas. Por lo menos, no son excluyentes con disfrutar de la actuación de manera genuina. Hablo de enviar un mensaje, llamar a un amigo que no ha podido ir para que escuche una canción que le gusta, conectar con alguien porque el grupo toca un tema que te recuerda a esa persona, construir recuerdos a través de imágenes y vídeos o, simplemente, compartir con tu red canciones que les puedan interesar.

Todos estos gestos nos parecen despreciables cuando hay un móvil de por medio. La forma prima sobre el fondo e invalida las motivaciones humanas que pueda haber detrás.

Estas maneras de democratizar y difundir una experiencia son simplemente una expresión más de comportamientos sociales habituales que, antes de que existieran los teléfonos móviles o las redes sociales, no podíamos manifestar. Hay grupos como Radiohead que, de hecho, lo ven así y promueven que el público retransmita sus actuaciones por Periscope.

Todo lo nuevo es incómodo. Entiendo que para los artistas debe de ser raro mirar para abajo y ver un montón de teléfonos. Otro debate aparte es hasta qué punto es legítimo que los músicos impongan al público ciertas condiciones de forma unilateral (no lo olvidemos que la audiencia los está pagando por proveer un servicio: imaginad a un fontanero haciendo lo mismo). Personalmente, no suelo usar demasiado el teléfono y me irrita cuando la gente a mi alrededor se pasa dos horas grabándolo todo, pero creo que tiene más que ver con la urbanidad y la cortesía que con la tecnología o la autenticidad que presuntamente esta le resta a las experiencia.

Cuando oigo las quejas furibundas contra los móviles y la gente “que no sabe disfrutar de los conciertos porque está mirando el teléfono” no puedo evitar imaginarme a los copistas medievales quejándose de la Biblia de Gutenberg con argumentos similares: es menos especial, no es tan auténtica, se siente menos singular.

PD: El concierto fue la hostia y lo dimos todo

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