Dream of you…

Era 2002, tenía las venas de los brazos ya destrozadas, se me estaban bloqueando, de tantas semanas pasando análgesicos y cortizona. Tenía las manos totalmente inflamadas, el menor toque me hacía llorar de dolor. Seguía con los ojos vendados, hasta la luz de un celular a 1 metro de distancia provocaba unas migrañas espantosas, que de verdad solo le deseo a mis peores enemigos.

No podía leer, no me dejaban caminar, tenía riesgo de perder las córneas por la brutal inflamación del nervio óptico, unas horas antes me había desmayado en el baño,una enfermera me había encontrado una enfermera después de un par de horas creo.

Solo podíamos estar mi alma, yo, y mi adolorido cuerpo en una cama del hospital general la raza. Evidentemente, no podía leer, ni entretenerme en nada que no fueran mis pensamientos, hasta que recordé que mi papá me había dejado un walkman, como pude a tientas lo encontré, era todavía análogo, por el tacto pude ponerlo en el 96.9 de FM.

Debió ser como las dos de la tarde, era de las pocas veces que mi papá me dejaba sola. Mi psiquiatra, por qué antes de que todo el desmadre pasara ya tenía una psiquiatra de cabecera, me había dicho que buscará por dónde escapar por lo menos mentalmente.

Al perder casi totalmente un sentido, pues el cuerpo compenso elevando la capacidad auditiva y del tacto. Además de las venas, traía una crisis de fiebre reumática que venía arrastrando desde antes… una de las enfermeras se había apiadado de mi alma, y estaba buscando a mi neuróloga para que autorizan morfina.

Quería escapar de mi cuerpo, quería escapar de mi dolor, como fuera, y en eso comienza a sonar una rola de Schiller, como me había enseñado mi papá años antes, me concentré en descubrir cada nota, cada acorde, e imaginar una coreografía de luces hasta perderme en ella, imaginaba luces siguiendo cada percusión, acompañando la voz de Petter Heppner,lagirmas que se transformaban en gotas de lluvia que se convertían en fractales luminosos que lentamente me iban calmando…

Acababan de estrenar el disco Weltreise de Schiller en México y era un especial si mal no recuerdo.

Como a la mitad del disco llegaron con la maquina dispensadora de morfina, y al fin pude descansar un poco, pero a partir de ese día, si de por si ya amaba la música electrónica, se convirtió en una relación más allá de lo personal, o de un gusto se convirtió en la única tabla a la que podía aferrarme en el mayor momento de oscuridad de mi vida hasta entonces.

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