Si se trasladara la actitud del fútbol a la política

He hablado con varias personas sobre a qué partido político votaban y el por qué. El tema surgía a raíz de tanto escándalo de corrupción que inunda cada semana nuestras fuentes de información.

Lo que me sorprende es que pese a saber que los políticos que elegimos nos roban, mienten y manipulan les seguimos votando. La respuesta que me dieron estas personas fue que ellos “eran de ese partido” y hagan lo que hagan no perderán su identidad ideológica.

En mi opinión reviste cierta gravedad este hecho, pues los conocedores del sentimiento de pertenencia se aprovecharán impunemente del grupo y el grupo lo asumirá como si de un aficionado a un equipo de fútbol se tratara.
Un aficionado al fútbol, identificado con un equipo, no abandonará su identidad porque el equipo juegue mal, tenga deudas o exprese una conducta reprobable. De igual modo sucede con la identidad política y por ello a algunos nos cuesta entender los resultados electorales.

A nivel social, la pertenencia es la circunstancia de formar parte de un grupo, una comunidad u otro tipo de conjunto. Estas definiciones nos ayudan a entender la noción de sentido de pertenencia, que es la satisfacción de una persona al sentirse parte integrante de un grupo. El sujeto, de este modo, se siente identificado con el resto de los integrantes, a quienes entiende como iguales.

El sentido de pertenencia supone que el ser humano desarrolle una actitud consciente respecto a otras personas, en quienes se ve reflejado por identificarse con sus valores y costumbres. Este sentido, por otra parte, confiere una conducta activa al individuo que está dispuesto a defender su grupo y a manifestar su adhesión, apoyo o inclusión a la comunidad de manera pública.

El sentido de pertenencia puede llevar a un individuo a identificarse y a desear el bien a su grupo, incluso cuando esto signifique que otro grupo se vea perjudicado.

Lo que me suelen preguntar en estas conversaciones es “¿Si no voto a ese, entonces, a quién voto?”. Sienten la necesidad de defender su ideología, a la que no pueden traicionar o abandonar.
La ideología política no significa que necesariamente deba existir un sentido de pertenencia y que si se desvanece el original, entonces éste deba ser reemplazado por otro; muchas veces el lazo más estrecho se establece con uno mismo y con los seres que nos rodean, con aquéllos que permanecen a nuestro lado en las peores épocas.

No votamos programas políticos o ideologías, de hecho casi nadie que no esté afiliado a un partido o sea periodista suele leerse los programas electorales. La política española se ha degradado tanto que lo único que elegimos en las elecciones es quién gestionará la licitación pública, las subvenciones y las leyes. En lugar de elegir cómo gestionarlas elegimos quien.

No soy aficionado al fútbol, pero sí que he visto noticias en las que todo un campo pitaba y protestaba contra un entrenador, un directivo o un jugador para recriminarle o exigirle una u otra conducta. Supongo que si se consiguiera trasladar esa actitud de “no abandono mis colores, pero te exijo que ceses en tu conducta” del fútbol al plano político tal vez se conseguiría cambiar algunas cosas.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.