“Estrategias para promover normas de convivencia y respeto en los párvulos”

En base a la supervisión y posterior conversación con mi supervisora, se escogió realizar la presente reflexión en base al foco: “Normas de convivencia y respeto”, específicamente a la acción de agradecer y pedir por favor. Sin embargo, de acuerdo a observaciones realizadas durante el momento de llegada de los párvulos, surge la necesidad de agregar a este foco las normas de convivencia que refieren al saludo, es decir, acciones como saludar y despedirse.

Las relaciones sociales son un complemento tan importante en la vida cotidiana como la relación que tenemos con nosotros mismos, así pues, el relacionarse con otros seres se transforma en un aspecto necesario y primordial para la existencia (Guano, 2013). El funcionamiento de la sociedad se rige de acuerdo a normas que “establecen comportamientos adecuados a determinadas situaciones conservando un ambiente de respeto y cordialidad entre las personas que forman parte de un colectivo” (Pilla, 2017, p. 22). Apropiarnos de estas normas y utilizarlas para relacionarnos, permiten generar interacciones positivas y de respeto hacia el otro, lo que sucede tanto en la adultez como durante la niñez, ya que cuando un niño/a pone en práctica hábitos de cortesía, esto incide positivamente en la relación que tendrá con sus pares. Para efectos de esta reflexión, el término hábitos/normas de cortesía puede asimilarse a las normas de convivencia que se busca promover. Según Guano (2013), fomentar este tipo de hábitos les da a los niños/as “la posibilidad de mejorar sus relaciones humanas y su actitud ante la vida” (p. 98), ya que brinda “seguridad y confianza en su interrelación con las demás personas” (Pilla, 2017, p. 12). Además, las normas en el proceso de socialización tienen un poder integrador de los individuos de un grupo (Guano, 2013), y al estar bien fundadas, podrían disminuir peleas y conflictos entre los párvulos.

En las BCEP (2001), se menciona como objetivo general fomentar en el niño/a “la consideración y respeto de la singularidad en los demás” (MINEDUC, 2001, p. 23). Bajo esta línea, agradecer y pedir por favor son dos acciones que permiten promover el respeto y consideración hacia el otro, puesto que al dar las gracias exteriorizamos la gratitud que sentimos por el favor concedido, valorando la acción y la persona que nos causó bienestar y; al pedir por favor no solo se pide ayuda u obtener un beneficio, sino que también se considera y reconoce al otro como un sujeto de derechos, cuyos deseos y decisiones merecen respeto. El saludo, por su parte, “constituye el principio y el fin de un encuentro, conforma la primera impresión, que es fundamental, y la última, que es la que se llevará la persona que nos ha conocido de manera más nítida, por ser más reciente” (Andrango, 2013, p. 24).

Guano (2013) señala que estos hábitos han de desarrollarse principalmente en el entorno familiar, donde se “deben tener ciertas “reglas del juego” para evitar el caos” (p. 97). Sin embargo, si en una familia no hay normas para su convivencia, no hay una comunicación efectiva o los padres no se involucran dentro del proceso de formación de sus hijos/as, este tipo de conductas no se aprenderán o promoverán en el hogar, consiguiendo una pérdida o la no-incorporación de hábitos de cortesía, así como otros hábitos esenciales para la formación personal y social, como lo son los hábitos de higiene. Por otra parte, Pilla (2017) señala otra razón para que los niños/as en la etapa inicial no pongan en práctica estas normas: los educadores no las imparten. Según esta autora, es responsabilidad de los docentes crear un ambiente de aprendizaje que estimule el cumplimiento de “las normas de respeto y consideración a todas las personas sean adultos o niños, por una condición de autoestima y motivación propia.” (p. 12).

Para que los párvulos puedan desarrollar hábitos de cortesía, Guano (2013) menciona diversas estrategias que refieren, en primer lugar, al trabajo con familias, ya sea organizando charlas con expositores profesionales del tema o hablando -en entrevistas o reuniones de apoderado- sobre la importancia de diseñar y modelar hábitos de cortesía en el hogar. En segundo lugar, se mencionan estrategias dirigidas a los docentes, las cuales abarcan realizar una capacitación a estos sobre los beneficios que tiene para los párvulos adquirir normas de cortesía, y tutorías para el trabajo de estas habilidades en el aula. En tercer lugar, se menciona la estrategia de realizar una técnica de automatización, bajo el fundamento de que

“aquellas acciones que se efectúan muchas veces en determinadas condiciones, se llegan a fijar tanto que ya no se necesita una estricta regulación consciente de las mismas ni de sus operaciones aisladas y en forma unitaria devienen en una operación automatizada, es decir, se convierten en hábitos.” (p. 99)

Por otra parte, se alude implícitamente como estrategia el acto de modelar, señalando que, para modelar la interrelación humana, esto debe hacerse dentro del contexto social en el que los niños/as están inmersos, en este caso, dentro del centro educativo.

Otros autores como Muñoz Quezada et al. (2014), señalan estrategias como: establecer normas compartidas y concretas, favorecer la retroalimentación positiva, realizar un modelado grupal, y, frente a errores o conductas negativas, “generar una estrategia participativa donde los estudiantes elaboren sus propias conductas reparatorias” (p. 30).

De acuerdo a lo mencionado por los referentes, se definen las siguientes orientaciones para mejorar la práctica:
1. Modelar y recordar normas de cortesía.
2. Establecer normas compartidas y concretas.
3. Plantear situaciones de reflexión sobre los hábitos de cortesía.

Cabe mencionar que la última orientación es una adaptación de la estrategia propuesta por Muñoz Quezada et al. (2014), que plantea generar una instancia donde se elaboren conductas reparatorias. Así, mediante la narración de historias en las cuales los hábitos de cortesía no están presentes, se espera que los niños/as puedan reflexionar sobre cuál puede ser el comportamiento adecuado.

Para evidenciar cambios en base a la implementación de las orientaciones antes mencionadas, se realizaron registros de observación sobre situaciones anecdóticas que se produjeron en el centro educativo.

De acuerdo a las evidencias de la implementación de las orientaciones propuestas, se puede decir que la estrategia de “establecer normas compartidas y concretas” fue medianamente efectiva para el trabajo de las normas propuestas, ya que los niños/as pudieron establecer normas de respeto como pedir por favor cuando quieren colación de otros, o dar las gracias cuando alguien comparte comida, pero la norma de “saludar” no nació directamente de ellos sino que tuvo que ser intencionada a través de la pregunta: ¿qué hacemos con los niños/as y tías que están en la sala, al llegar al colegio?. Respecto a la estrategia de “modelar normas de cortesía”, esta fue efectiva ya que, a través del modelamiento y recordatorio de las normas durante la rutina, los niños/as comenzaron a incorporarlas dentro de sus conversaciones, por ejemplo, al decir por favor y agradecer tras pedir y recibir jabón durante el momento de higiene, los niños/as que escucharon este modelamiento luego realizaron estas acciones. Respecto a la estrategia de “plantear situaciones de reflexión”, esta también fue efectiva, puesto que los párvulos pudieron reflexionar sobre los hábitos de cortesía, su implicancia en los otros (los niños/as concluyeron que pedir por favor promueve la felicidad del otro) y, además, comenzaron a utilizar los ejemplos de las historias contadas para guiar su actuar y el de otros/as compañeros/as.

Contrastando los resultados con la teoría, no se puede determinar si el desuso o desconocimiento de las normas de convivencia propuestas para los niños/as del nivel guarda relación con el núcleo familiar. Lo que sí se puede decir es que, al haber avances en el desarrollo de estas habilidades sociales, implica que los docentes sí pueden generar ambientes de aprendizaje que estimulen el cumplimiento de las normas de respeto (Pilla, 2017). Por otra parte, se puede decir que el uso de estas normas, como dice Guano (2013), tiene un poder integrador hacia el grupo, lo que puede evidenciarse días después de implementar las estrategias, con la llegada de una alumna nueva al nivel, ya que los párvulos se acercaron a saludarla y esto dio paso a la creación de un juego colectivo con autos de carrera. Así, los usos de estas normas lograron, como dice Pilla (2017), que la niña sintiera seguridad y confianza para relacionarse con sus nuevos compañeros/as.

No obstante, haciendo un análisis general, se puede decir que las normas de cortesía no pudieron desarrollarse completamente durante el periodo en que se implementaron las orientaciones. Esto es porque, como dice Guano (2013), “estas habilidades se adquieren progresivamente” (p. 98) y se puede evidenciar una apropiación de estas normas cuando el niño/a las realiza por sí solo, lo que todavía no sucede porque, de acuerdo a las observaciones, sigue siendo necesario recordarle a algunos párvulos que incorporen estas normas al momento de saludar, despedirse, pedir y/o recibir algo, por lo que se debe continuar el trabajo con los hábitos de cortesía, de manera que el párvulo los integre “sin necesidad de que el profesor le esté recordando” (p. 24).

Bibliografía:
➜ Andrango, M. (2013). Etiqueta y protocolo dentro del aula y su influencia en el comportamiento de los niños del tercer grado de Educación general Básica Alfredo Pérez Guerrero, Parroquia Eloy Alfaro, Cantón Quito, Provincia de Pichincha. Universidad Técnica de Ambato: Ecuador. Recuperado de http://repositorio.uta.edu.ec/bitstream/123456789/6036/1/FCHE-SEB-995.pdf

➜ Guano, O. (2013). La práctica de los hábitos de cortesía y su incidencia en la relación con sus pares en los niños/as del área Pre Inicial del Centro de Desarrollo Infantil “Hogar Nazaret” de la ciudad de Puyo provincia de Pastaza durante el período noviembre 2010-marzo 2011. Universidad Técnica de Ambato: Ecuador. Recuperado de http://repositorio.uta.edu.ec/bitstream/123456789/3879/1/tpv147_2009.pdf

➜ MINEDUC. (2001). Bases Curriculares de la Educación Parvularia. Santiago: Chile.

➜ Muñoz Quezada, M. T., Lucero, B., Cornejo, C., Muñoz Molina, P., & Araya, N. (2014). Convivencia y clima escolar en una comunidad educativa inclusiva de la Provincia de Talca, Chile. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 16(2), 16–32. Recuperado de http://redie.uabc.mx/vol16no2/contenido-munozluceroetal.html

➜ Pilla. N. (2017). Las Normas de Urbanidad y la Convivencia Social de los niños y niñas de 4 a 5 años de la Unidad Educativa “Mariano Benítez Torres” de la Parroquia Benítez del Cantón Pelileo. Universidad Técnica de Ambato: Ecuador. Recuperado de http://repositorio.uta.edu.ec/jspui/bitstream/123456789/25364/1/Noem%c3%ad%20Elizabeth%20Pilla%20Chango%201804242483.pdf