Lo bueno de compararse con los demás

Aunque me considero una persona apartada, conservo muy buenas amistades de cada una de mis etapas de la vida, pero todas ellas viven en ciudades y estados distintos, así que generalmente nos comunicamos por whatsapp, teléfono o skype. En estos últimos días he estado hablando con la mayoría de esas amigas, y confieso que -ahora que he había pasado por una montaña rusa emocional, y por fin, estabilizándome poco a poco- me han servido de gran apoyo, de hombro para llorar o para reír, de oreja para escuchar y de ojos para leer la sarta de reflexiones inútiles y recurrentes sobre esa relación de la que ya muchas de ellas veían venir el final. Bueno, no importa. Lo interesante fue darme la oportunidad de preguntarles “¿y tú cómo estás?” y saber lo que le ocurre a cada una, tan variadas noticias como diferentes son entre sí (y si se conocieran entre ellas, ni de chiste serían amigas). Una de ellas está preparando su boda con su novio de larga distancia, y son tantos los trámites administrativos que tendrán que realizar, que a veces hasta parece que van a reunirse a firmar un tratado político, pero bueno, así son los requisitos de la ley; la instructora de Yoga está reafirmando su identidad después de dos años de ser residente extranjera en un país donde el otoño avienta hojas de un hermoso color sepia, haciendo voluntariados en la madrugada y luchando por sus sueños; la abogada salió de una relación laboral horripilantemente estresante y está probando suerte en la capital, tocando puertas difíciles de abrir, pero encontrando humor en lo que vive día a día;l a china finalmente va a evaluar pros y contras entre sueños y realidades-responsabilidades, y a tomar decisiones para saber qué pasos tomar en los próximos meses; y mi amiga de la prepa de pronto está hospitalizada por una bacteria que resulta ser muy peligrosa, pero mantiene el ánimo lo más que se puede todos los días. Pff! como esas historias, seguro a todos nos sobran miles para compartir de gente que nos rodea.

He procurado ser buena amiga, pero no siempre me alcanza para eso, a veces sólo soy la amiga que se comunica y se preocupa, aunque no todas las ocasiones estoy tan presente como debiera, y menos en estos meses de acontecimientos agridulces. Y eso es lo de menos, porque ellas también están en sus cosas, cada quien vive su vida a un ritmo acelerado y alocado, perdiéndose y encontrándose, haciendo lo mejor que pueden para salir de la tormenta o para seguir luchando batallas internas que sólo corresponden a una misma. Más allá del acompañamiento, consuelo, entendimiento que podamos darnos entre nosotras, me cae el veinte de que no siempre estoy tan jodida como creo estar, ni tan en la cima como en ocasiones he sentido, cuando comparo mi historia y mi situación con la de ellas u otras personas cercanas, entiendo que somos eso, personas, nos equivocamos y nos reinventamos, pero seguimos en el juego de la vida, y vamos luchando por ese equilibrio. Definitivamente no es nada nuevo, pero hoy me tranquiliza llegar a esta reflexión.