Lo que hay detrás de las palabras
Las palabras liberan. Escribir, para mí -aunque nadie me lea- es, claramente, una forma de expresarme. A veces no tengo gran idea de lo que quiero transmitir, solamente me basta con prender la laptop para desahogarme con todas las palabras que puedan salir de mis dedos. Precisamente, el whatsapp se ha vuelto una de mis aplicaciones favoritas porque puedo escribirle a cualquiera de mis contactos para comunicarles mis más tormentosos momentos, o algunos otros instantes lúcidos y felices.
Si alguna vez has leído un poco de lo que he escrito, te habrás enterado que este año he pasado por una muy mala racha de eventos desafortunados tanto en el amor, como en lo laboral y en lo económico. Justamente este año decidí comenzar a escribir, sé que no soy la mejor, pero estoy segura que puedo mejorar. Quisiera escribir de tantas cosas, divagaciones, reflexiones, cuentos, emociones, sensaciones nuevas o viejas … pero en este momento, mis palabras sólo fungen como una especie de terapia silenciosa, me libera escribirlas, lanzarlas al vacío en la red donde tal vez una o dos personas me lean y se identifiquen, o nadie me conozca nunca y tampoco importará demasiado. Sí, eso, por ahora las palabras me sirven para desechar tanta negatividad, pesimismo, mala vibra que he estado experimentando, y es que creo que está funcionando, a mi manera y a mi ritmo.
A estas alturas de la vida, de pronto siento que por más que tenga personas a mi lado, ya sea una o veinte, no bastan para desahogarme o para terminar de expresar, simplemente expresar. Las palabras -entonces- me acompañan, me dan permiso de usarlas y jugar con ellas, se van y regresan. Y depende de cada día para darle intencionalidad a mis textos, que se forman sin tener un plan específico, más que fluir.