10 aprendizajes durante la perenigración a Santiago de Compostela

Hoy, 1 de octubre, se cumple un mes, que la misión junto con su asesor P. Pedro Miraballes, arrancaba la peregrinación desde la ciudad de Ferrol a Santiago de Compostela.

Vivir la peregrinación a Santiago de Compostela fue sin duda unas de las experiencias más marcantes en la vida de los misioneros. Una experiencia espiritual, de comunidad, de encuentro personal como también un desafío físico.

Sí, es lo que tiene el Camino de Santiago, que engancha, que el cuerpo y la fe piden más. Así que, ¿ qué es aquello que ha hecho que sea una experiencia de esta índole? Te dejamos al menos 10 razones por las cuales el camino marco el año misionero.

1- Una oportunidad de encuentro con Dios. Aprovechar los largos caminos para poder ir rezando y de esa manera poder encontrarse en un diálogo cercano y de amistad con Jesús.

2- Encontrase en la eucaristía diaria, en las misas que solíamos hacer al lado del camino, en una de las pausas de la caminata del día, o en una iglesia, de la ciudad donde quedábamos a dormir.

3- Encontrarse a uno mismo a lo largo de sus etapas, reflexionar, meditar antes de tomar una decisión importante, sobre lo vivido en el año y lo que queda por vivir.

4- Conocer gente. Hay mucha gente que se hace el camino de manera solitaria, como así también pequeños grupos que buscan a unirse a otros grupos y de esa manera hacer el camino un poco más llevadero. También el hecho de realizar el mismo camino hace que las personas coincidan en la mayoría de los albergues y por más que no hayan caminado la etapa juntos, encontrarse luego en los lugares de descanso y compartir las experiencias del día es un excelente modo de conocer a las personas. Compartir con personas de diferentes culturas, ideologías y edad es una forma única de abrir la mente y entablar nuevas relaciones.

4- Reforzar vínculos. Recorrer tantos kilómetros, hacen del compartir algo prácticamente obligatorio, profundizar las historias, debatir sobre ideas, hacen que las amistades se refuercen, es una excelente oportunidad también para conocer profundamente a los amigos. Bueno, eso… ¡acabás tirándote de los pelos!

5- Aprender a vivir con lo mínimo y valorar más las pequeñas cosas. Llevar una mochila puede ser algo bueno, o en otro sentido podría volver ser el peor enemigo. Cada gramo que se carga verdaderamente hace la diferencia, y con el pasar de los kilómetros y de los días, todo se siente. Tu mejor amigo es el jabón, que te permitirá lavar y poner la misma ropa día tras día.

6- Desintoxicarse de la tecnología. Es algo que prácticamente todo el mundo se pone como tarea en el momento de emprender una aventura por la naturaleza o durante las vacaciones pero si la señal no se interrumpe, de manera autónoma es difícil de lograrlo… Pues el Camino de Santiago es el momento.

7- Vivir en contacto con la naturaleza. Sí, porque el Camino de Santiago te conduce por sendas y rutas increíbles, también perfectas para aprender a orientarte.

8- Un desafío físico. Varios kilómetros al día, subidas, bajadas, una mochila, y varios días consecutivos de caminata, es sin duda algo que el cuerpo no esta acostumbrado hacer. Una linda oportunidad de ponerse aprueba y que ese sea una motivación para llegar a la meta. ¡Sin duda la mente juega un papel importantísimo! El cuerpo siempre pide más y sobre todo sabes que cada metro, cada paso se está ofreciendo por alguna intención que te encomendaron, renace la fuerza.

9- Alcanzar la meta: Santiago. Sí, puedes sentirte realizado porque has sido capaz de llevar a cabo y finalizar una apuesta personal: has terminado el camino y estás en Santiago. Pero por sobre todo aún saber que todo fue por algo más grande, por recorrer el camino que hizo el apóstol para poder evangelizar.

10- La oportunidad de ver, minuto tras minutos, a peregrinos y peregrinos llegar a la catedral con distintas motivaciones. Pero eso si, hay una cosa: lo mejor de verlos es la sonrisa que tienen en la cara en el momento de la meta final. Brutal. Ese momento en el que todo lo que les inunda es satisfacción no se paga con dinero. Las ganas de repetir la experiencia, el subidón de adrenalina…

¡Llegada!
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