CFK

Anoche soñé que, por alguna razón incierta, me convertía en asistente personal de Cristina Fernández de Kirchner. Y no es la primera vez que la sueño como alguien cercano que lo único que quiere es acercarse a mi para que yo me de cuenta de cuánto me quiere.
Siempre en mis sueños comienzo por detestarla pero no se lo puedo decir. Miles de palabras atestadas en mi boca sin poder salir. Mirarla con odio. Odio hacía ella y odio hacía mi por no poder hablar. Una vez más. Otra oportunidad en la que el inconsciente me la sienta adelante y yo no puedo decirle nada. No importa lo que quiera o no decirle lo que importa es que nunca digo nada.
Y no es que CFK se presenta en el sueño como una mujer dulce y tierna. Siempre se presenta arrogante, queriendo tener la razón de todo. Bueno.
En los comienzos del sueño yo no entendía muy bien qué era lo que estaba haciendo a su lado y no saberlo me angustiaba y cada vez que me angustiaba ella me abrazaba fuerte, me decía que todo iba a estar bien y ese abrazo era el abrazo más contenedor del planeta. Estábamos juntas en sus actos, en sus salidas y en la intimidad de su día laboral demasiado parecido al despacho presidencial. Pero en mi sueño ella ya no era Presidente.
Cierta tarde se me ocurre cumplirle el sueño a la hija de una ex amiga de conocerla. No sabía muy bien cómo crear el encuentro porque en esa historia mi ex amiga también era ex. Cuestión que por una de esas situaciones mágicamente incoherentes logro dar con la niña y con el permiso de la madre de ir a conocer a Cristina. Yo estaba muy feliz porque la niña estaba feliz y porque yo podía volver a ver a la niña. La miraba y pensaba en la tristeza de separarse de personas que uno quiere cuando algunas relaciones se rompen.
Este sueño no tiene ningún remate porque no tuvo un final con una frase inolvidable para hacerme reflexionar y tampoco me desperté con la sensación de comenzar a quererla. Lo único que me pregunto es porque la sueño tanto. Cuando encuentre las respuesta se las cuento.