Eliminar de mis amigos

Ilustración: heartbeats club

Pasé el molinete del subte como pude. El bolso que se me caía, el celular en el oído, en la otra mano la SUBE. Hablaba con Gerardo, el dueño de la gráfica donde envié unas tarjetitas que necesitaba para fin de año. Una pavada. Parte del packaging que acompaña mis cuadernos.

Me contaba no sé qué cosa de uno de los colores que había elegido. Rápidamente hice un recorrido por el cuadro cromático que alguna vez hice en una clase de diseño. Más o menos le dije lo que quería y en esa extensa llamada telefónica pudimos arreglarlo.

Estaba en Estación Avenida de Mayo.

-¿Laura?- escuché que me dijeron. Me di vuelta sin saber quién me llamaba hasta que, un microsegundo antes de terminar de girar reconocí su voz.

-Hey! ¡Hola! Wow! ¿Cómo estás, Esteban? ¡Qué loco verte acá!

-Eee, bueno no… ¡qué loco verte acá a vos! Yo vivo acá.

-¿Acá en el subte? Bueno, yo también vivo acá. Soy como el Minotauro de la publicidad. Chiste.

-Jajaja. Sí, me acuerdo. ¿Te mudaste?

-Sí.

-¿Cuándo?

-Hace un año y medio ya. Sí, creo que un año y medio. O estoy cerca.

-¿Dónde te mudaste?

-Urquiza.

-Ah, vamos para el mismo lado entonces.

Llegó el subte. No tan lleno. Entramos juntos. No nos sentamos porque estábamos a nada de la combinación. Nos miramos un rato. Le sonreí. Creo que le sonreí. Seguro le sonreí. Suelo hacerlo.

-¿Qué onda que te mudaste?

-Esteban, me tenés en Facebook. Me parece un poco estúpido encontrarte sorprendido por mi mudanza. Entiendo que no me lees nunca.

-¿Acaso vos me leés?

-Sí. Cada tanto entro a ver en qué andas. O cómo andás.

-Soy un colgado.

-Ya fue. Igual cualquiera que te esté haciendo este reclamo pelotudo.

Llegamos a Diagonal Norte e hicimos combinación con Línea D. Lo hicimos en silencio. En ningún momento del recorrido nos miramos. Claramente no le sonreí.

-Me mudé porque se me hacía más ameno vivir por acá. Viajar todos los días era un bardo.

-¿Por laburo?

-Sí. Estoy haciendo unas cosas como freelance y además estoy con todo el tema de los cuadernos. Era imposible seguir viajando con peso.

-¿Te mudaste sola?

-Sí.

-Bien.

-Sí. No estoy con nadie.

-Por un momento pensé que te mudaste en pareja.

-Esteban… si te di la posibilidad mil veces para que me digas que no querías verme más. ¿No te parece que era mejor decírmelo y ya? ¡Me da bronca! Muchas veces me enojé con vos pero nunca te dije nada porque no quería parecer una loca. ¿Tanto te costaba? No sé si me molestó que no quieras verme más y no me lo digas o que siempre con una cosa y otra me tengas expectante de tu vida.

-Tenés razón.

-No me des la razón como a las locas.

-Bueno.

-La puta que te parió, Esteban.

-Perdón.

-Ahora porque nos encontramos de casualidad en este subte de mierda te venís a hacer el que te importa algo de mi vida y me preguntás cómo estoy, qué hago, qué no hago. También sé que, corresponde a un protocolo pelotudo entre dos personas que se encuentran de casualidad. Ocurre aunque no te lo propongas pero me da rabia.

Me callé y respiré mientras con un dedo me secaba una lágrima justo antes de que aparezca en mi ojo.

-Laura, estás llorando.

-No. Cortala.

-Sí, estás llorando. Boluda, no llorés. Perdón. Te juro que no quise hacerte mal. Fui un boludo.

-Utilizaste el “date cuenta”, Esteban. Sabés que es lo peor que me pueden hacer. No lo soporto. Me parece el acto más cobarde. Lo detesto.

-Lo sé. Perdón.

Cuando la voz en el subte indicó que estábamos a punto de llegar a Estación Bulnes le dije que me iba. No soportaba más estar un minuto frente suyo.

-Me voy a bajar. No porque haya llegado a destino sino que no soporto más tu presencia. Perdón. Estás hermoso. Chau.

Le di un beso en la mejilla y me bajé. Me senté en uno de los banquitos de la estación y desde el celular lo eliminé y terminé bloqueando a Esteban de Facebook. Mientras lloraba pensaba: “Ojalá todo fuera así de fácil”.